La verdad es que, a pesar de vivir con tanta tecnología a nuestro alrededor, tanta pantalla, tantas RRSS, algoritmos y bots presuntamente inteligentes, sigo viendo todavía mucha vida analógica por todas partes.
Tengo la costumbre, cada día temprano, de dar un paseo de unos 30/40 minutos por los espacios más verdes de la ciudad antes de empezar mi rutina. Estas caminatas no solo me ayudan a «sanear» mi mente, sino que, quizás al dejarla más oxigenada, invitan a la reflexión. Y hay una cosa que observo al pasear por las calles, y es la ingente cantidad de cartelería pegada en las paredes, publicidad tradicional diseñada, eso sí, con mayor o menor acierto, que sigue presente como si no hubiese pasado el tiempo en los últimos cincuenta años.
Y, no hace demasiado, una conocida marca de mayonesa, (no diré el nombre para no darle todavía mayor relevancia), consiguió un gran impacto mediático con una inversión de solo 20000 €. Ese fue el coste de reparar los daños provocados por un cliente insatisfecho (porque el propietario «no tenía mayonesa») que prendió fuego al local. Si esta samaritana marca hubiese pagado una campaña tan ampliamente difundida en tantos canales y medios, seguramente hubiese tenido que invertir muchísimo más que esos 20000 €. ¡Un brindis por el marketero de esta marca!
Podría seguir con muchos más ejemplos de estrategias de marketing que, a pesar de los años y de los cambios, siguen teniendo éxito (quiero pensar que si no lo tuvieran ya haría bastante tiempo que no las harían).
Y esto me lleva a reflexionar, también en mis caminatas matutinas, sobre si el marketing como disciplina ha cambiado tanto como los especialistas y medios del sector nos dicen todos los días.
Es cierto que hoy existen muchos más canales de comunicación que hace décadas, y que la forma en que interactúan las marcas con los consumidores también, pero, en realidad, el marketing sigue dependiendo de lo mismo: ayudar a las personas a conseguir el cambio que buscan con los productos y servicios que lo faciliten. No es más, ni menos, que eso.
No es cierto que las personas anhelen cosas muy diferentes de las que anhelaban en otro tiempo, siguen buscando seguridad, confianza, reconocimiento…y disfrute. Tampoco creo en los silos de consumidores definidos por razón de su año de nacimiento (¿generación Z?), preocupación por el medioambiente o los derechos de los animales.
Es verdad que cada persona tiene una personalidad única, pero todos en el fondo tienen los mismos deseos y necesidades. Por eso siguen funcionando ciertas estrategias de marketing que muchos definirían como anticuadas. De hecho, la búsqueda de una relación más tangible y real -más humana en definitiva- crece al mismo ritmo que los dispositivos y las herramientas digitales más modernas.
Todo esto quizás sea un punto de vista muy particular sobre lo que es el marketing y hacia donde se dirige, que en muchos casos parece que hacia un conjunto de programas y software que automatizará las campañas, como también automatizará la relación de las marcas con las personas.
Justo hoy acabo de leer en un medio internacional de marketing que el SEO ya está oficialmente «muerto», y que ahora el rey es el GEO (Optimización de Motores Generativos). Hemos pasado de alimentar el ecosistema digital con palabras clave y backlinks, a hacerlo con información que la IA y los Modelos de Lenguaje Natural (LLMs) entiendan y destaquen. Así están las cosas hoy.
Los nuevos marketeros ya no son estrategas, ni necesitan entender el mercado, a los competidores o las aspiraciones su público objetivo. Ahora son expertos en entender las nuevas tecnologías y crear un arsenal de acciones en la red para intentar que la marca destaque un poco más que las otras y el consumidor ceda a la tentación y haga clic. (Ahora entenderás por qué te interrumpen 15 anuncios durante un video de Youtube de una hora).
Frente a esto, hay que reivindicar -como los viejos rockeros- los pilares que todavía sostienen y dan valor al marketing como disciplina estratégica…
1️⃣ Que tu marca esté presente en la mente de tu público cuando la situación de compra aparezca.
2️⃣ Que tu marca facilite al cliente la adquisición del producto y servicio de forma sencilla y cómoda.
3️⃣ Que tu marca consiga que tus productos y servicios satisfagan plenamente las expectativas de tus clientes.
Estos tres pilares siguen siendo válidos y la tecnología debería contribuir a fortalecerlos y desplegarlos, no simplemente siendo un vehículo para canalizar mensajes, saturar canales o molestar a la audiencia y evitar estrategias más elaboradas, a costa de la automatización.
Quizás esta nueva era tecnológica, que ahora solo está empezando, consiga asentarse en algún momento y se descubra que, en realidad, es solo un medio más para conectar mejor con las personas. Pero, mientras ese día llega, creo que no deberíamos enterrar todavía al marketing que muchos hemos conocido -que sigue funcionando- y que cada vez será más diferenciador frente a la uniformidad tecnológica que parece avanzar.
De hecho, creo que hoy el marketing más innovador es el que ofrece una experiencia más tangible y real. Al fin y al cabo, somos humanos, no cabría esperar otra cosa de nosotros.
