Reposicionamientos y Rebrandings.
El escudo del Club Atlético de Madrid se mantuvo prácticamente inalterable desde 1969 hasta que en 2017 se anunció un rediseño. Los motivos: adaptación a los nuevos formatos digitales.
La reacción de buena parte de la afición fue inmediata: rechazo, polémica y una sensación compartida de pérdida de identidad. Tanto, que en julio de 2024 acabó recuperando su escudo tradicional después de que la mayoría de sus 80000 socios así lo reclamasen en una votación.
Es un ejemplo de lo que pasa cuando una marca cambia algo tan importante como su imagen, que es, en definitiva, parte de su personalidad.
¿Te imaginas que tu estilo, tu forma de ser o de comportarte cambiase cada poco tiempo? Seguro que crearías confusión y perplejidad en aquellos que te conocen.
Las marcas no son solo patrimonio de las empresas que las poseen; viven, sobre todo, en la cabeza y en el recuerdo de las personas. Ahí está su verdadera fuerza y lo que les hace diferentes de otras similares.
Hoy vivimos un auténtico «boom» de rebrandings, reposicionamientos o «nuevas etapas» en las organizaciones. Algunos (los menos) tienen toda la lógica, pero una buena parte de estos solo son una ocurrencia sin base estratégica.
La pregunta no es si una marca puede cambiar; claro que puede. La verdadera pregunta es si ese cambio responde a una necesidad real o simplemente lo aparenta.
Y los problemas aparecen cuando los clientes perciben que hay un discurso nuevo… sin nada realmente nuevo detrás.









