Lo importante no son los cambios, sino lo que nunca cambia.
«Si te centras en lo que nunca cambia, dejas de intentar predecir el futuro y empiezas a prepararte para él. Los comportamientos humanos, como la codicia, el miedo o la necesidad de estatus, han sido los mismos durante miles de años».
No puedo estar más de acuerdo con Morgan Housel con su interpretación del valor de lo estable, de lo que nunca cambia.
La importancia de saber qué es lo va a permanecer igual en un futuro es una de las perspectivas más interesantes en la estrategia actual y de aplicación en el marketing.
Vivimos obsesionados con abrazar la última tendencia, la última herramienta, la última tecnología, cegados por ser disruptivos e innovadores para no quedarnos atrás. Y esto solo nos hace seguir adelante sin rumbo ni sentido, como un ratón en una rueda.
Por el contrario, descubrir lo inmutable te ofrece una ventaja competitiva enorme: un marco conocido y esperable que asegura la viabilidad de tu propuesta al mercado.
Hazte esta pregunta…«Si esta tecnología o moda desapareciera mañana, ¿seguiría teniendo sentido esta propuesta para mi cliente?».
Si la respuesta es sí, tienes una base estratégica sólida.









