Entre las cualidades que creo que deben tener los marketeros para hacer bien su trabajo están, entre otras, la humildad, la generosidad, el gusto por hacer bien las cosas (no la perfección), el autocontrol, la visión con perspectiva o la capacidad para entender al cliente. A todas ellas les dediqué un poco de mi tiempo en mi blog o en posts de LinkedIn; mi pequeña aportación a algunas habilidades poco conocidas y valoradas que, sin embargo, tienen un impacto sensible en la actividad del marketero (positivo para los que las cultivan y negativo para los que no).
Hay otra cualidad humana que también es bastante rara de ver en el ámbito del marketing: la curiosidad.
La curiosidad es la capacidad que tenemos para interrogarnos por lo que vemos, escuchamos o sentimos. Esta característica es tan humana que, de hecho, nacemos con ella. Durante los primeros años de vida, en la infancia, es lo que nos ayuda a comprender el entorno, a nuestros semejantes y todo con lo que interactuamos. Todo es nuevo para los niños, por eso preguntan y repreguntan una y otra vez hasta entender lo que sea que necesiten saber. Con esto, los niños maduran y evolucionan hacia la adultez. Entender el mundo es vital para ellos.
Con el tiempo, los niños van perdiendo el ansia por saber y entender las cosas y muy pocos adultos conservan esta capacidad, quizás más presente en los científicos o los artistas. Sin embargo, la curiosidad debería acompañarnos durante toda la vida, es parte de la energía que nos hace avanzar, emprender proyectos y, sobre todo, aprender.
Si abandonamos la curiosidad, en cierta manera «morimos», como señaló la escritora Tove Jansson; nos quedamos anclados en lo que ya sabemos.
¿Qué aporta «ser curioso» al marketing?
Según nos dice la Psicología, una persona curiosa tiene unos rasgos distintivos…
– Un interés natural y persistente por aprender y conocer cosas nuevas.
– Una «mente exploradora» que los impulsa a experimentar con lo desconocido.
– Son grandes «preguntadores».
– Les apasionan los retos.
– Tienen alta capacidad de atención y profundizan más que otros en la búsqueda de soluciones alternativas.
– No suelen caer en el aburrimiento.
– Asumen riesgos sin importarles que puedan equivocarse.
¿Te ves reflejado en alguna de estas características?
No es fácil hoy tener una actitud curiosa. Vivimos en el mundo de lo inmediato, con constantes cambios en lo social y en lo tecnológico, y es esta aceleración la que impide o dificulta el arte de ser curioso, que, como has visto, requiere tiempo y atención.
Todo lo contrario de lo que hoy vemos, donde el ritmo de las cosas nos roba la tranquilidad que necesitamos para cuestionar lo que es de nuestro interés y, en definitiva, para comprenderlo.
En el marketing, como habrás imaginado, una persona dotada de curiosidad puede ser un factor diferencial.
Yo mismo tuve hace años en mi equipo a alguien con esta característica y, a pesar de fatigarme bastante por sus continuas demandas de información, se compensaba totalmente por su gran capacidad para generar ideas y nuevos proyectos. No todos ellos eran viables o convenientes, por supuesto, pero los que sí lo eran creo que a casi nadie de nosotros se nos hubiesen ocurrido. No le importaba el riesgo a equivocarse, prefería el riesgo a quedarse callada sin plantear lo que tenía en mente.
Si repasas las características de estas personas curiosas, podrás ver cuánto pueden aportar a las estrategias de marketing y comunicación.
– El deseo de aprender hará de la persona un mejor profesional, con más conocimiento para tomar buenas decisiones.
– Explorar áreas desconocidas le ayudará a descubrir nuevas oportunidades de negocio, productos y servicios o nichos de clientes.
– La disposición para afrontar nuevos retos fortalecerá su implicación con la empresa y ayudará a los demás a no desfallecer y ser persistentes con el objetivo.
– La capacidad para buscar soluciones alternativas no necesita explicación; su utilidad para el marketing y la comunicación es obvia.
– Si además no suelen aburrirse, tendremos de propina una persona motivada que trasmite buen ambiente a todos los que le rodeen.
Si hace poco destacaba en un artículo que todos deberíamos tener a un inconformista en la organización, por las capacidades diferentes que aporta, bien podríamos añadir personas curiosas.
Si además somos capaces de contagiarnos de su espíritu libre e inquieto (volver a ser niños está fuera de nuestro alcance) es seguro que podremos cambiar muchas de las cosas que hacemos con nuestros productos, clientes y estrategias.
Dice un conocido refrán que la curiosidad mató al gato. Y, en cierto sentido, puede ser cierto (por lo de los riesgos). Pero yo añado…¡Pero que a gusto se murió el gato!
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