Rosana Rosas nos explica el valor del email como herramienta de marketing y comunicación muy efectiva para las pymes.

¿Vale la pena el email marketing en el marketing moderno?

Por Rosana Rosas.

Como una de las primeras y más útiles herramientas de marketing digital, el email marketing ha hecho posible que las empresas se pusieran en contacto con sus clientes para informarles sobre promociones y ventas. Ha ayudado a aumentar la participación de la audiencia y, por lo tanto, contribuido a que las empresas aumentaran las ventas y las cifras y el volumen de tráfico web.

Ahora, en la era digital moderna, tenemos una docena de formas diferentes de lograr este objetivo, desde las redes sociales y el marketing de contenido hasta la publicidad en video y el SEO. ¿Todavía vale la pena el marketing por correo electrónico? Hoy, discutiremos el coste del email marketing y si la publicidad por correo electrónico sigue siendo la mejor opción para tu inversión publicitaria.

 

¿Cuánta atención deberías prestar al email marketing?

La inversión que tu empresa debería realizar en email marketing depende de algunos factores clave. Primero, ¿Qué tamaño tiene tu empresa y cuántos ingresos anuales estás generando? Esto debería darte una indicación clara de cuánto deberías invertir en marketing digital, en general, y en email marketing específicamente.

A partir de ahí, puedes averiguar cuánto de tu presupuesto de marketing digital debes dedicar específicamente al email marketing. Otros factores incluyen la industria en la que te encuentres y lo que estás produciendo, y el realizar campañas de email marketing sin errores.

Por lo general, muchas empresas invierten no más de un 5% de su presupuesto de marketing, sin embargo, para empresas pequeñas que están comenzando, ese número aumentará hasta un rango entre el 12% y el 20% de los ingresos totales, ya que se necesita un mayor empuje para dar a conocer a la organización.

Por supuesto, la cantidad de tu presupuesto de marketing que dedicas al email marketing depende de ti. Lo más recomendable es que distribuyas el presupuesto asignado al marketing de manera uniforme.

Ahora bien, la mayoría de las empresas asignan entre el 0 y el 20% de su presupuesto de marketing al marketing por correo electrónico. Esto les da espacio para invertir también en SEO, redes sociales y marketing de contenidos junto con sus campañas de email marketing para crear un sistema de marketing digital que reciba contribuciones de múltiples plataformas.

También, tu industria y lo que vendes te ayudarán a determinar cuánto dinero gastar. Por ejemplo, una empresa minorista puede tener mayores resultados con el email marketing que un fabricante de piezas de automóvil. Las empresas minoristas pueden enviar promociones por correo electrónico a clientes nuevos y antiguos, mientras que una empresa de recambios se ocupa principalmente de contratos B2B.

Antes de comenzar a formular tu plan de email marketing, considera qué beneficios te aportará a tu empresa y a los productos o servicios que brindas.

 

Factores que afectan el coste del marketing por correo electrónico.

Más allá de lo que realmente decidas invertir en tu marketing digital en su conjunto y, más específicamente, en tu email marketing, existen otros factores que afectarán el coste total. La forma en que se encuentra actualmente tu lista de email, la complejidad de tus correos electrónicos y la frecuencia de tus campañas aumentarán o reducirán el coste.

 

1. Tu lista de correo electrónico actual.

Si ya tienes una lista de correo electrónico de campañas anteriores, pero la has descuidado durante algún tiempo, tendrás una lista de suscriptores inactivos. Tendrás que tomarte algo de tiempo y recursos para limpiar la lista de email. Esto hará que tu campaña sea más efectiva y te dará una mejor idea de dónde puedes mejorar.

Por lo general, las plataformas de email marketing poseen herramientas para ayudarte a identificar a los suscriptores inactivos y eliminarlos de tu lista de correo electrónico. Es decir, la plataforma verificará a los suscriptores activos y eliminará a los inactivos.

 

2. Complejidad del diseño.

Cuanto más entusiasmo pones en el diseño de tus emails, cuanto más complejas son las animaciones, más puedes esperar invertir en ellos.

Puedes encontrar empresas de diseño que te ayuden a crear tu plantilla de correo electrónico o utilizar un equipo de diseño web interno para crear algo que sea más adecuado para ti.

 

3. Con qué frecuencia haces campaña.

Podría decirse que el factor más importante de cuánto vas a terminar invirtiendo en email marketing es la frecuencia con la que envías los correos electrónicos. Obviamente, cuanto más envíe, más caro será y aumentará a medida que tu lista de correo electrónico crezca.

Debes sopesar este costo con la cantidad de ingresos que estás generando a partir de tus correos electrónicos masivos. Si tienes los recursos disponibles y una lista de correo electrónico grande y activa, entonces ningún costo es demasiado en comparación a lo que puedes obtener sobre nuevos productos, servicios y ofertas.

 

4. Tu plataforma de email marketing.

Es probable que tengas que contratar una plataforma para enviar estos correos electrónicos, que varían en precio y en lo que ofrecen. Algunos de los más populares incluyen Mailchimp, Mailerlite, GetResponse, Flodesk y Converkit.

 

Conclusión.

Entonces, ¿Vale la pena invertir en email marketing? En un mundo lleno de clientes que valoran la personalización y una conexión más profunda con los productos y servicios a los que se vinculan, una campaña de email marketing bien administrada tiene un valor incalculable.

La cantidad del presupuesto de marketing que gastas en email marketing dependerá de tu empresa y de lo que quieras obtener de ella, pero no hay duda de que el marketing por correo electrónico sigue siendo un actor importante en el panorama del marketing digital. El correo electrónico no lo es todo, pero el email marketing todavía funciona de maravilla cuando se hace correctamente.

 

Acerca de la autora.

 

 

 

Ingeniera de Sistemas, ha trabajado como directora de Tecnologías de Información y Comunicaciones en el sector institucional. Actualmente es Consultora de Marketing Digital en rosanarosas.com y ayuda a emprendedores y directivos de empresas a maximizar su presencia online y hacer crecer su negocio con herramientas de marketing digital, el diseño web y la creación de contenidos.

Elon Musk Donde reside el exito de las empresas

¿Cuál es la clave del éxito en las pymes?

Hay una cuestión que creo que en algún momento nos hemos planteado todos aquellos que estamos en el mundo empresarial. Una pregunta que nos hacemos, normalmente cuando las cosas no van como desearíamos en nuestra organización, y que parece que no tiene una respuesta fácil ni concreta.

 

¿Dónde reside el verdadero secreto del éxito de las empresas?

Muchos pensaréis… ¡la pregunta del millón! Y no, no es mi intención descubrir ese gran enigma, pues la respuesta no es sencilla ni única para todos. Pero, si repasamos algunos casos de éxito en empresas españolas conocidas podemos encontrar algunas claves del éxito, todas diferentes, aunque en esta cuestión cada uno tendrá su propia opinión, como es lógico.

Hay por ejemplo casos en los que es el empuje de una persona concreta la que está detrás de los logros de la organización. Personas como Juan Roig (Mercadona), Elon Musk (PayPal), Steve Jobs (Apple) o Isak Andic (Mango) son por si mismas las responsables de que sus empresas estén en lo más alto. Visión de negocio, generación de oportunidades, asunción de retos y rodearse del mejor equipo son algunas de las armas que han utilizado para conseguir sus objetivos. Pero por encima de todo, son personas excepcionales, y creo que triunfarían casi seguro en cualquier otro sector empresarial (véase Elon Musk con SpaceX y Tesla o Juan Roig con Lanzadera Corporate).

Pero no hace falta acudir a ejemplos de grandes empresas. Tenemos en España muchos pequeños empresarios y pymes que, dentro de su ámbito de actuación, también son exitosos. Gente que, con una panadería, un restaurante o una fábrica de embutidos están dando un ejemplo de una buena gestión y de saber ganarse un lugar en el mercado. En todos ellos, además de otros factores, está siempre una persona que es la que impulsa el negocio.

¿Podemos decir entonces que es una persona concreta la que está detrás del éxito empresarial? En muchos casos sí, aunque creo que no es una condición suficiente para lograrlo. Sin esa persona relevante probablemente no se hubiese llegado tan alto, pero para hacerlo, esta ha tenido que contar con otros factores cruciales.

Disponer de un equipo de personas que sean capaces de poner en marcha un proyecto empresarial es uno de estos factores clave. De nada sirve una gran visión de negocio o tener buenas ideas o si no eres capaz de ejecutarlas y hacerlas reales. Parece una perogrullada, pero cuantas veces hemos visto a directivos que priorizan el ahorro en costes de recursos humanos frente a la inversión en talento y capacidad. Si te fijas bien, las grandes organizaciones tienen siempre los mejores equipos que pueden permitirse. No solo eso, sino que atraen talento a través de atractivas carreras profesionales, espacios y modos de trabajo flexibles y una formación de alta calidad. L’Oreal por ejemplo recibe una media de 1 millón de currículums al año. ¿Por qué será? Otras muchas firmas siguen siendo polo de atracción de los mejores profesionales y a todas les une un común denominador: han situado a los empleados en el centro de su estrategia de negocio.

Parece que ya tenemos un binomio de éxito: una persona al frente de la empresa con capacidad y visión de negocio unida a un equipo cualificado y motivado. ¿Será suficiente con eso para lograr el éxito?

 

Poner en marcha al equipo: la innovación como meta.

Tenemos entonces a un equipo competente dirigido por un líder que cree en el proyecto y tiene la capacidad para ponerlo en marcha. Entre todos han analizado el mercado y están en pleno proceso de detección de oportunidades. Es cuando la innovación entra en escena.

Cuando se habla de innovación se suele asociar solo a tecnología o productos, y no es así. La innovación es un proceso que debe estar presente en toda la cadena de valor de la organización, desde el diseño de la estrategia previa o la compra de materias primas al servicio de atención al cliente. Se puede, y se debe innovar en cualquier etapa de la construcción de valor en la empresa. Por ejemplo…

  • Innovar es desarrollar unos bocadillos horneables que mantienen su frescor durante 40 días protegidos por una atmósfera de CO2. (Bokatta).
  • Innovar es entregar en el domicilio un pedido de supermercado virtual en menos de 10 minutos (Gorillas).
  • Innovar es fomentar y premiar las nuevas ideas de los empleados que supongan mejoras en su día a día y que permiten optimizar tareas y procesos (Seat).
  • Innovar es poner tu red logística al servicio de los pequeños productores para que puedan vender online sus productos (Correos Market).
  • Innovar es crear un snack saludable basado en proteínas (Cherky Foods).
  • Innovar es realizar una campaña de un nuevo producto invitando las empresas a un estreno de cine virtual (Tipsa).
  • Innovar es desarrollar una aplicación de inteligencia artificial para que las clientas puedan ver cómo les quedan diferentes colores en el pelo (L’Oreal).
  • Innovar es el nuevo etiquetado electrónico para el vino que a través de un código QR ofrece una completa información (en tu idioma) sobre la lista de ingredientes, la declaración nutricional y sobre la sostenibilidad del producto y el consumo responsable. (U-Label).

Innovar es, en definitiva, buscar nuevas formas de satisfacer mejor las necesidades de tus clientes. Y, como ves, se puede actuar en cualquier área de la organización.

Con la innovación como compañera de viaje y rodeados de personas involucradas en el proyecto, ya vamos muy encaminados hacia un posible éxito. Solo falta plasmarlo.

 

El plan estratégico y los recursos: la ruta, el vehículo y la gasolina.

De nada valen las ideas si no se traducen en planes y acciones concretas. Si queremos llegar a una meta, lo primero es establecer el camino que nos llevará a ella, las etapas que atravesaremos y los medios que serán necesarios. Será nuestro mapa.

Llegados a este punto siempre recomiendo que cualquier plan estratégico, sea sencillo o complejo, a corto o a medio plazo, para una pequeña empresa o para una más grande, sea asumible por todos. De nada vale marcarse unos objetivos ambiciosos si nunca vas a ser capaz de alcanzarlos, además de generar una enorme frustración en el equipo.

Diseña un plan a tu medida, adaptado a lo que puedes abordar y, eso sí, dótalo de los recursos humanos, materiales y económicos que sean necesarios para desarrollarlo. Reúne a tu equipo, organiza lo que tiene que hacer cada uno y ponlo en marcha. Algunas empresas forman un “grupo de seguimiento” del proyecto que hace las veces de supervisor de la marcha del plan. Creo que es muy interesante que exista, así nadie podrá eludir responsabilidades y se podrá monitorizar adecuadamente la evolución de las acciones que se realicen.

Con todo esto, en principio, ya cuentas con los factores necesarios para que tu empresa tenga buenas oportunidades de competir con éxito en el mercado. Habrás visto que son tres elementos fundamentales, personas, innovación y plan estratégico. Y aunque los tres son necesarios, no todos son tan críticos.

Las personas, englobando en ello al líder y su equipo son la parte fundamental. Si cuentas con las personas adecuadas (las mejores que puedas permitirte) has dado el paso más importante para cumplir los objetivos. Por otra parte, sin este factor, dará igual contar con el resto, lo más probable es que tengas enormes dificultades en llegar a la meta.

El segundo factor de éxito es la capacidad de innovación que puedas aportar en tu empresa. Con un buen equipo te será más fácil encontrar las oportunidades ocultas y valorar si son viables. Si eres capaz de innovar en algún área de tu negocio aportando algo valorable para tus clientes estarás en condiciones de competir con ventaja.

El último elemento es integrar todo en un esquema de trabajo (Plan Estratégico) que incluya todas las acciones que hay que realizar en el tiempo, los responsables y los recursos, sin olvidar ese “grupo de seguimiento”.

 

Entonces… ¿cuál sería la respuesta a la pregunta sobre la clave del éxito en las empresas?

Como señalé al principio, no hay una respuesta única. Pero lo que siempre hay detrás de los logros de muchas empresas, pequeñas o grandes, es una gran visión del negocio que puede ser resultado de la capacidad de una sola persona, de un equipo, o de ambos. Un proceso de innovación que se pone en marcha con el concurso de mucha gente y que tiene un plan perfectamente diseñado para hacerlo real. El éxito es en realidad una consecuencia esperable de las empresas que de forma natural tienen este “gen” inquieto e innovador que las impulsa a hacer cosas nuevas para ser diferentes, para avanzar, para evolucionar. Y aunque no dispongas de ese gen, siempre es posible desarrollarlo. Lo único que hay que tener es una mentalidad predispuesta, ganas de avanzar y potenciar los tres factores clave anteriores.

Es un buen ejercicio para cualquier pyme intentar detectar qué elementos se pueden utilizar para conseguir una propuesta diferente a lo que siempre se ha hecho. Si no cuentas con las personas adecuadas, la mejor inversión sería atraer el talento a tu organización o acudir a una consultora externa que te aporte una visión más objetiva y distinta a lo que ya conoces. El camino hacia el éxito no es fácil, ni corto. Es una carrera de maratón que requiere mucho entrenamiento y constancia. La ecuación personas + innovación + estrategia siempre tiene un resultado positivo, solo hace falta ponerse en marcha y creer en ello.

¿Cómo ves las posibilidades de éxito en tu organización? ¿Tienes alguno de los factores que ayudan a conseguirlo? ¿Crees que existen otros elementos críticos que también contribuyen a los logros empresariales?

 

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El coste del No Marketing para la pyme

Los peligros del “No-Marketing”.

Recuerdo de mi etapa universitaria el concepto de “coste de oportunidad”, que muchos de vosotros seguro que también conocéis. En esencia, hace referencia al coste que tiene que soportar una empresa por renunciar a realizar una acción determinada en favor de otra alternativa. El término se lo debemos al economista Friedrich von Wieser, quien lo definió en su obra Teoría de la Economía Social en 1914.

Hay muchos ejemplos de costes de oportunidad en el mundo de las empresas. En el año 2000 una incipiente Netflix proponía a la cadena física de alquiler de películas Blockbuster (líder mundial en el sector) un acuerdo de colaboración: Netflix difundiría la marca Blockbuster online y Blockbuster promovería la oferta de Netflix en sus tiendas. Los directivos de Blockbuster se rieron (a solas) de la propuesta y, sin realizar los cálculos estratégicos necesarios, rechazaron la propuesta. Ya conoces el final de la historia… Blockbuster no hizo una estimación de lo que perdería si Netflix tenía éxito, como así fue, y el no calcular ese coste de oportunidad fue su perdición. Confió en la supuesta fidelidad de sus miles de clientes y no supo estimar el riesgo que se le venía encima.

El coste de oportunidad está presente cada uno de los días en cualquier ámbito que podamos imaginar. Siempre que tengamos que tomar decisiones, de una u otra manera, tendremos que optar por una vía y asumir un coste al renunciar a la otra. El problema no es elegir, sino el no calcular el coste de nuestra decisión.

 

El coste de renunciar al marketing.

Muchas empresas consideran que pueden vivir sin utilizar herramientas o estrategias de marketing y comunicación. Confían su éxito al poder de su marca, a la estabilidad de su base de clientes o a un área comercial muy activa. En definitiva, para qué invertir recursos en una actividad que no necesito.

Desgraciadamente, el renunciar al marketing y la comunicación está más presente que nunca en las pymes de nuestro país. No solo eso, sino que además no se conoce en realidad lo que es el marketing y la comunicación, su papel crucial en la estrategia empresarial y su contribución al crecimiento. Es un hecho demostrado a lo largo del siglo pasado y en el actual, que las empresas orientadas al marketing son más exitosas que las que no lo están. Y a pesar de esta realidad, el marketing está ausente en muchas organizaciones.

Se da además la curiosa contradicción de que ahora, con lo digital como moda y tendencia en todas las facetas de la sociedad, también en la empresarial, esas empresas que despreciaban el marketing y la comunicación como algo innecesario se han sumado al carro del marketing digital, mal entendido eso sí, y gastan sumas de dinero impensables en acciones que la mayoría de las veces no le conducen a ningún lado. Tiendas online sin sentido, presencia en redes sociales que no siguen ningún criterio o inversiones en marketplaces como Amazon que no suponen nada más que gasto. Todo por lo digital, que es lo que ahora es tendencia y vende más.

Se sigue actuando por impulso, sin criterio, reaccionando a los cambios en el mercado de manera impulsiva y sin reflexión. Lo normal es que las pymes que actúan así no lleguen a ninguna parte, pero sí, suelen llegar al fracaso.

El coste de oportunidad de renunciar a una apuesta por el marketing y la comunicación con sentido es altísimo, y en muchos casos se puede medir. En el ejemplo de Blockbuster has podido ver hasta donde puede llegar este coste.

 

El No-Marketing en una empresa implica:

  • Renunciar a conocer en profundidad a tu competencia.
  • Desconocer quienes son tus clientes potenciales.
  • Hacer invisible a tu marca.
  • Desconectarte de los consumidores.
  • Dejar espacio libre para que otras empresas consigan más cuota de mercado.
  • Frenar el proceso de innovación en tu empresa.
  • Disminuir la rentabilidad general.
  • Erosionar la imagen de tu organización y el valor de tu marca.
  • Desanimar a los profesionales que trabajan en tu empresa.
  • Impedir la evolución de tu negocio.

 

Todas estas consecuencias y muchas más son las que tendrá que asumir una pyme que renuncie al marketing, o haga algunas cosas parecidas al marketing, pero sin estrategia ni continuidad. El verdadero coste de oportunidad es perder ocasiones de negocio y frenar el crecimiento de la organización.

Su aun así piensas que no necesitas un área de marketing y comunicación en tu empresa, pregúntate entonces por qué firmas líderes en su categoría como Coca-Cola, Nike, Guillette, Pantene, El Corte Inglés o Mercadona tienen en el centro de su estrategia el marketing, cuando por ser líderes podrían permitirse el lujo de no hacerlo. Y tu pyme, que por tamaño y relevancia no es comparable a estas empresas, ¿puede permitirse renunciar a ello?

 

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No hay cama para tanta gente en el mundo digital

¡No hay cama pa’ tanta gente!

El titulo de esta entrada hace referencia a un tema musical de El Gran Combo de Puerto Rico de 1986, toda una institución en el mundo de la salsa y que aprovecho para recomendarte si es que no lo conoces. Ahora verás el porqué de este título. Pero antes, vamos a hacer un viaje a otro continente…

Imaginaos por un momento que estáis en una zona de África donde, en un mismo espacio conviven depredadores y presas. Pongamos por ejemplo que hay 100000 presas, de diferentes especies, y unos 1000 depredadores, también de varias especies. Un rápido cálculo nos ofrece un valor de 100 presas disponibles para cada depredador. Una tasa bastante interesante (para los depredadores).

Normalmente, cuando se da el caso anterior, los ecosistemas se suelen regular de forma casi automática. En nuestro ejemplo, se puede dar tanto un incremento de las capturas por depredador como un aumento de estos. Y se llegará con el tiempo a una situación en la que la competencia de los depredadores será máxima al escasear cada vez más las presas.

¿Cómo sigue la historia? Lo normal es que vayan despareciendo los depredadores, huyendo hacia otras zonas menos competitivas o desapareciendo por inanición. El ciclo vuelve a autorregularse hasta que se llegue de nuevo a un punto en el que la relación depredador/presa no sea conflictiva.

Lo que hemos visto en el ejemplo africano no es más que la expresión de una de las reglas más conocidas del funcionamiento de un mercado de libre competencia en el que no exista regulación, o esta sea mínima. En este supuesto, el atractivo de un mercado conllevará la entrada en él de más competidores hasta que la rentabilidad media de estos les compense. Lógicamente, si el mercado evoluciona en este sentido llegará un momento en que esta rentabilidad sea escasa, nula o negativa, y provocará la desaparición de competidores.

 

¿Por qué te cuento todo esto?

Si te fijas, tanto en los mercados físicos como en los mercados online todos los días se está produciendo esto. Nichos o sectores que son muy atractivos, en poco tiempo desbordan la oferta y sucumben. Y todo en un plazo de tiempo cada vez menor. Ya dediqué una entrada a este fenómeno, centrándome en negocios físicos, pero sucede de igual manera, aunque yo creo que con más fuerza, en los mercados online.

Por suerte para la salud económica de un país, las leyes del mercado se siguen cumpliendo y no hay sector de actividad que sea atractivo de forma indefinida. O lo que se suele decir de forma más coloquial, la tarta es la misma para todos los comensales.

Pero, a pesar de que esta regla es muy antigua y conocida por todos -o eso creo- muchos empresarios y directivos parecen olvidarla a la hora de tomar sus decisiones estratégicas. Y muchos siguen pensando en que han encontrado un nuevo océano azul para ellos solos. Y esto no es solo un problema de desconocimiento de las leyes del mercado. Obedece sobre todo a una visión cortoplacista de la estrategia empresarial en búsqueda de resultados rápidos y olvidando que cualquier estrategia no debe nunca guiarse por impulsos ni acciones reactivas. Porque los océanos azules, aunque es cierto que existen, no suelen durar mucho. Solo bajo condiciones muy concretas se puede defender en el tiempo un océano azul, como es el caso de Amazon, Google, Circo del Sol, Coca-Cola y otras marcas ya muy consolidadas.

 

El espejismo del mundo online.

En la ciudad donde vivo, y supongo que en casi todas, llevamos mucho tiempo con aperturas y cierres de negocio de forma continua. Proyectos en su mayoría de bajo coste de entrada y nula diferenciación aparecen y desparecen todos los días. También sucede con las empresas de más tamaño, aunque es cierto que aquí la tasa de sustitución es más lenta, debido a que tardan más en ponerse en marcha y cuentan con algo más de recursos. Pero el sistema es el mismo y su final también. Oportunidades que parecen únicas se convierten en desilusiones en poco tiempo. Pero es en el mundo digital donde más claramente se ve este proceso.

En un estudio de 2014 ya se estimaban en más de 85000 las tiendas online en nuestro país, tanto propias como marketplaces. Si esto era antes de la pandemia, es fácil pensar que hoy esta cifra esté ya más cerca de las 200000. Y solo 300 tiendas online acaparan más del 75 % de la facturación en retail. La diferencia con las tiendas físicas es que estas no cierran como tales, aunque la mayoría van languideciendo poco a poco mientras desaparecen en la red.

Ciertamente, todo lo digital está revolucionando las formas de conexión entre clientes y proveedores. Ahora es posible obtener presupuestos casi al momento o comparar diferentes propuestas de forma sencilla, algo que la tecnología nos ha facilitado. Pero también es cierto que, impulsadas por la rapidez y costes asequibles de tener una presencia online, las pymes han olvidado que el mercado digital, como el analógico, no es un chicle que se estira indefinidamente y tampoco puede dar cabida a un número de competidores infinito.

Se está obviando algo que es crucial. El mundo digital se rige por las mismas leyes del mercado que el mundo físico. El número de potenciales clientes sigue siendo el mismo, se demanda prácticamente el mismo volumen de productos y servicios y el comportamiento del consumidor es parecido. Siguen buscando marcas de confianza, una buena relación calidad/precio y un servicio correcto.

Muchas pymes han llegado al mundo online de forma precipitada, sin una estrategia previa, alentadas por su necesidad de vender y también, todo hay que decirlo, empujadas por las empresas de marketing que, obviamente, también necesitaban hacer caja. Se han activado páginas web sin ton ni son, invertido sumas ingentes en promoción (con Google, Facebook y Amazon como principales beneficiarios) y aportado muchos recursos para tener un perfil en las RRSS activo y atractivo.

Pero en el ecosistema empresarial, como en África, las leyes se siguen cumpliendo. El mundo digital está saturado ya desde hace bastante tiempo. No solo hay millones de páginas web, perfiles en RRSS y tiendas online. Es que además los canales están ya al borde del colapso publicitario. No hay prácticamente ningún canal online en el que no haya un banner, un artículo promocionado o una empresa recomendada. Y el usuario es reacio a estos impactos intrusivos, no ahora, siempre ha sido así. El resultado final es que las pymes no aciertan a conectar con su público y cunde poco a poco la duda y el desconcierto.

 

¿Qué es lo que se está haciendo mal? (Y soluciones).

Lo primero que hay que tener en mente es que, si no dispones de una marca fuerte y reconocida, te va a ser muy difícil destacar en mercados saturados como los actuales. Y esto ha sido el error de muchas empresas. Creyeron que tendrían visibilidad inmediata al saltar al mundo online (sin tener construida una marca reconocida) y están desparecidas en el océano digital.

Lo segundo que está pasando es que, para lograr destacar entre toda la competencia, como siempre ha sido, hay que destinar muchos más recursos que la media de tu sector. Tiempo y dinero son necesarios si de verdad quieres potenciar la presencia de tu marca en la red. Si no cuentas con ello, reducirás de forma notable tus posibilidades de éxito.

El tercer elemento en liza es la calidad de tu propuesta de valor. Dada la alta competencia que existe en cualquier sector o nicho, tienes que ser capaz de ofrecer algo diferencial al mercado, bien en el diseño de producto, en la forma de uso, en los servicios añadidos o en cualquier otra faceta. Algo que sea valorable por tus clientes y que te diferencie del resto. Para lograrlo, tienes que conocer perfectamente quienes son tus competidores y sus respectivas propuestas.

El cuarto punto es consecuencia del anterior. Si has construido bien tu marca, tienes recursos y una propuesta de valor atractiva y diferencial, es el momento de diseñar una estrategia de marketing y comunicación ganadora. Esta fase es crítica. La visión a medio plazo, que es imprescindible, condicionará la ruta de tu empresa en los próximos meses. Dedícale el tiempo que sea necesario y rodéate de los profesionales y expertos que necesites para que el éxito tenga más probabilidades de llegar. La inversión que realices en esta fase es la que más influirá en los resultados finales.

Así como los ecosistemas biológicos se autorregulan, si entras a competir en un escenario como el actual, con lo digital como nuevo campo de batalla, el objetivo de tu empresa tiene que ser no estar entre los competidores huidos o desaparecidos. Como los animales, las pymes cuentan con muchas armas para lograr su posición en el mercado. Lo que no es posible, como entenderás, es sobrevivir en una batalla sin contar con los medios adecuados para lograrlo. Por eso las organizaciones que siguen bien posicionadas en el mundo online son las mismas que ya los estaban en el mundo analógico. Simplemente han trasladado sus estrategias de un mundo a otro, sin perder nunca lo que les hizo fuertes en el pasado.

Y siempre tener en mente que el mercado es el que es. No hay más camas disponibles y si llegas tú, tendrás que conformarte con dormir en el suelo o buscarte otro hotel. Salvo que dispongas de los recursos que te he mencionado antes. Entonces no solo dormirás en una cama, sino que incluso podrás elegir entre las mejores.

Cuando inicies tu desembarco en un mercado nuevo, tampoco olvides que tus competidores van a estar esperándote con sus mejores armas. Como decía El Gran Combo en su célebre canción a los nuevos que llegaban a la casa de Tabin:

 

Tírenlos pa’bajo que son un peligro arriba

Esa trulla (¡eh!) es peligrosa (¡eh!)

Pa’fuera, pa’ la calle

¡No hay cama pa’ tanta gente!

 

El mundo digital es igual o más competitivo que el físico, y desde luego está lleno de oportunidades. Pero sus reglas son muy parecidas. Si ya has desplegado una buena estrategia de marketing y comunicación en el pasado y ahora das el paso a este nuevo mercado, aprovecha lo que ya te ha funcionado y adáptalo al mercado online. No te lances a la aventura, la tarta no es más grande que antes y todos tienen hambre. Si lo haces bien, tu porción estará asegurada.

 

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NTF la economía real frente a la economía digital

¿Estamos ante el fin de la economía real?

Lo reconozco, hay cosas que me superan y que no logro entender del todo. Supongo que, como muchos llevan advirtiendo desde hace mucho tiempo, los avances tecnológicos van a una velocidad muy superior a lo que las estructuras sociales pueden asimilar. Y esto que me pasa a mí, seguro que también es algo que les sucede a miles de personas. Cada día surge algo nuevo en el universo de la tecnología y ya es imposible, al menos para mí, estar al día de todo cuanto surge en este ámbito.

Últimamente me ha llamado la atención un nuevo concepto que, aunque lleva ya algún tiempo circulando, está cobrando cada vez mayor relevancia. Me refiero a los NFT, en inglés Non Fungible Token o su versión es español Activos No Fungibles. ¿Qué son los NFT? No es fácil explicarlo, pero lo intentaré.

Los NFT vienen a ser como un certificado legal que acredita al poseedor como propietario único de un producto o servicio digital original. Esto significa que, por ejemplo, un poseedor de un NFT puede contar con la propiedad intelectual de cualquier elemento digital que puedas imaginar, desde un diseño de un logotipo o una canción hasta una fotografía, un meme o un producto virtual diseñado por cualquier artista. La clave es que tiene que ser un archivo digital. La certificación de esta propiedad se realiza mediante tecnología blockchain (tienes una excelente explicación aquí de esta tecnología) y el pago del propio NFT lógicamente es a través de criptomonedas como Ethereum, Moneo o Bitcoin.

 

¿Poseer un NTF significa que nadie puede “usar” ese producto o servicio? No. La posesión del NFT solo certifica que el titular es el que tiene la propiedad del archivo original, pero este puede ser replicado por cualquiera sin ningún requisito o impedimento legal. Te preguntarás entonces para qué adquirir un NFT, ¿no? La respuesta es por el hecho de ser el titular de la obra original, sin más. Y si crees que esto es humo, estás en lo cierto, pero también lo es que el mercado de los NFT cada vez es más amplio y las compraventas de estos títulos se suceden sin parar.

Hace algunas fechas, por ejemplo, se vendió la propiedad digital del primer tweet del fundador de Twitter, Jack Dorsey, por 2,9 millones de dólares como NFT. El mensaje “Configurando mi cuenta Twttr” (“Just setting up my twttr”), fue publicado por Dorsey en marzo de 2006. Y más recientemente, un niño de 12 años vendió su colección de ballenas digitales (memes) por 400000 $. Hasta museos como el Hermitage están sacando NFTs de algunas de sus obras más representativas (Da Vinci o Monet, por ejemplo). El crecimiento es tal que también las empresas se están lanzando a vender NFTs de cualquier cosa. Solo hace falta un poco de imaginación y luego dotar de valor al NFT de turno.

¿Se está vendiendo humo? ¿Se está creando un nuevo mercado especulativo? ¿Qué aporta este nuevo mercado a las empresas o a la sociedad? La respuesta a esto no es fácil. Muchos opinan que los NFT explotarán como una burbuja en poco tiempo, mientras que otros creen que el sector se consolidará con los ajustes que todo nuevo mercado necesita. Mi opinión es que los NFT han llegado para quedarse. Soy consciente de que lo virtual también existe y que, nos guste o no, tendrá su porción de la tarta económica. Otra cosa bien distinta es que esta y otras innovaciones tecnológicas basadas en el mundo digital vayan a aportar valor real a las economías o a impulsar su crecimiento.

 

La economía digital gana terreno.

Lo anterior no es más que una ficha más que se añade a la fila de productos y servicios digitales que están inundando nuestra vida (y nuestra sociedad). Si el ecommerce ha sido una de las puntas de lanza para que los mercados virtuales despegasen con fuerza, ahora se han multiplicado exponencialmente los productos y servicios basados exclusivamente en lo digital. Los NFT puede que sean la expresión máxima de vender algo “intangible”, pero existen muchos ejemplos de áreas donde lo virtual es el eje del negocio, como las infraestructuras necesarias para gestionar las empresas, desde la administración de sus procesos a sus comunicaciones, los negocios digitales propiamente dichos o las plataformas de comercio online, B2B o B2C.

La economía real (producción y venta de servicios físicos) está reduciendo drásticamente su peso en el total del PIB mundial en favor de los productos y servicios digitales. En España, en 2020 los productos y servicios digitales suponían ya un 27% del PIB, porcentaje que crecerá hasta el 46% en 2022.

Estudios como el IDC FutureScape: Worldwide Digital Transformation 2021 Predictions, prevén que la economía digital crezca hasta el 65% del PIB mundial digitalizado para 2022, impulsando más de 6,8 billones de dólares de inversiones directas en transformación digital de 2020 a 2023.

Hoy, el escenario que se presenta para las pymes es muy diferente del de no hace mucho tiempo, y todo indica que será cada vez más virtual y menos “real”. Y aunque muchos de los negocios digitales son meros transvases de sus homólogos de la economía real, como puede ser la venta online o un servicio de asesoramiento a través de internet, se han creado nuevos nichos de negocio que han nacido directamente en el mundo digital, como los referidos NFT, las criptomonedas, las plataformas de streaming, el software de gestión empresarial o los servicios en la nube.

La pregunta y la reflexión que debemos hacer es si estos cambios son positivos o negativos, cómo afectan a nuestros negocios actuales y qué tenemos que hacer para aprovechar las oportunidades que sin duda se abren.

¿Es el fin de la economía real tal y como la conocíamos?

 

La economía real seguirá, pero se adaptará.

Si tu negocio es la fabricación o la elaboración de productos, no te preocupes, seguirán siendo necesarios si los clientes así lo deciden (yo no dejaré de comprar tomates o adquirir un coche…). Si te dedicas a prestar servicios como asesor, dentista o como la limpieza, tranquilo, seguirán demandándose. En general, lo que mueve la economía todavía hoy (y mañana) seguirán siendo los mismos productos y servicios de siempre, lógicamente evolucionados y modernizados. Por esta razón, la “amenaza virtual” no es tal. Lo que está cambiando es la forma en la que estos productos y servicios se están ofreciendo. Y ello conlleva también cambios en las necesidades de los clientes y en sus niveles de exigencia. Ahora es fácil para el consumidor buscar un proveedor y comparar precios y prestaciones. Lo difícil, como antes, es competir bien como empresa para que nosotros seamos los elegidos.

La economía digital, tal y como yo lo veo, empieza por optimizar los procesos que se dan en la pyme. El mercado actual exige, además de calidad, un servicio rápido y eficiente. Si analizamos de forma crítica los procesos que realizamos en nuestras organizaciones podremos ser capaces de redefinirlos para que estén al servicio de nuestros clientes. Si tenemos las personas adecuadas es posible, de hecho, lo han realizado ya multitud de empresas.

Lo digital, en un primer escalón, puede ayudar a las pymes a automatizar y gestionar mejor estos procesos. Los modernos ERPs ya son algo habitual en las pymes, al igual que otras herramientas para la gestión comercial, el análisis de los datos o la colaboración. Otras aplicaciones como las videoconferencias sirven además para abrir nuevos canales de comunicación empresa-cliente que humanicen las relaciones a pesar de las distancias. Y así con muchos otros desarrollos, como el uso de la nube, que ya están al alcance de cualquier empresa, por pequeña que sea. Si consigues dar este paso, ya puedes decir que tu empresa está siendo parte de la economía digital.

Un paso más allá estaría la posibilidad de ofrecer ciertos productos y servicios a través de portales online. Más que un ecommerce, del que muchas veces alerto porque se hace rápido y mal, tenemos que pensar en cómo acercar nuestra oferta a un mayor público a través de internet. No tiene porqué ser una tienda online, muchas veces la venta de determinados productos o servicios no es eficiente en estos canales. Pero seguro que podemos ofrecer alguno de los servicios por este canal, como la resolución de incidencias, la presentación de ofertas o la gestión de los pedidos. Se trata más de ampliar los canales de interacción que de sustituir una forma de contacto por otra.

Y en un tercer nivel se situarían las empresas que solo operan en el mundo digital. Casi seguro que no es el caso de tu pyme, pero son en especial las startups que nacen continuamente (y muchas por desgracia mueren con igual rapidez…) las que lideran estos nuevos perfiles de empresa. Son proyectos que dan servicios muy especializados a particulares y empresas y en su gran mayoría se gestionan de forma completamente online.

Todo lo anterior y mucho más (telemedicina, servicios de inteligencia artificial, formación online, proyectos colaborativos, Big Data…) es lo que está haciendo crecer la economía digital de forma exponencial. ¿Significa eso que solo lo digital va a sobrevivir? No. De hecho, cada día cierran decenas de empresas online que han fracasado. ¿La economía real seguirá teniendo un peso significativo? Desgraciadamente no tengo la bola de cristal para adivinar el futuro, pero creo que la sociedad seguirá necesitando bienes y servicios “de toda la vida” además de todos los nuevos que vayan surgiendo. Lo digital es una oportunidad para mejorar lo que ya tenemos, nunca es la solución mágica para impulsar nuestra empresa si no hacemos nada más. Si tu producto no es bueno o tu nivel de servicio no está a la altura de lo que exige el mercado, no tendrás éxito ni en el mercado real ni en el virtual. En resumen, si no eres competente en el mundo físico, no lo serás por desembarcar en el digital.

El avance de la economía digital lo que si hará es fomentar una mayor competencia entre las empresas, a la caza de un cliente más informado y exigente. Por tanto, vuelvo al primer nivel o escalón de la digitalización: la optimización de los procesos. No intentes poner en modo online tu negocio sin haber dado antes ese paso. Si lo haces, el riesgo de fracaso será muy alto. La adaptación a esta nueva realidad requiere etapas, todas importantes, y lo mejor es atravesarlas una a una con seguridad y, si puede ser, de la mano de una empresa o profesional especializado.

 

Nuevas estrategias de marketing y comunicación.

Así como la economía real tiene que adaptarse al nuevo entorno digital, también los departamentos de marketing y comunicación tienen que hacer lo propio. No voy a extenderme mucho en esto puesto que ya le dediqué una entrada específica en este blog, pero si te daré algunas matizaciones.

En lo básico, es decir, lo que un responsable de marketing y comunicación tiene en el centro de sus estrategias, casi nada cambia por la irrupción de lo digital. Me estoy refiriendo a claves como:

  • El cliente como centro de nuestra estrategia.
  • El análisis del mercado y de la competencia.
  • La construcción de una marca reconocible y reconocida.
  • La defensa de unos valores de empresa.
  • La utilización de unos mensajes creíbles que conecten con el cliente.

 

Lo que sí ha cambiado, y mucho, es la manera en la que todos nos estamos relacionando. Las nuevas tecnologías han acercado como nunca al cliente con el proveedor y, junto a esto, el propio comportamiento del cliente ha evolucionado. La primera clave del estratega de marketing y comunicación es poner al cliente en el centro de todo. Por eso, ahora que su comportamiento ha cambiado, también nuestra empresa debe cambiar.

Nuestras estrategias de marketing y comunicación deben alinear el mundo físico con el virtual de forma coherente. La imagen de la empresa debe ser la misma y sus mensajes también. No se debe abandonar por completo el mundo real, que es donde se produce la experiencia de cliente más auténtica, sino ampliar la presencia en el mercado a través de nuevos canales.

El transvase a lo digital tiene que hacerse con coherencia. No todas las redes sociales funcionan igual, no todo el marketing digital vale para cualquier pyme. Al igual que en el marketing tradicional seleccionamos muy bien por ejemplo los medios más adaptados a nuestra audiencia o acudimos a las Ferias más representativas, en el mundo online tenemos que ser igual de exigentes y críticos. Conozco muchos desembarcos de pymes en el universo digital que han creado más problemas que beneficios (y altos costes). Y no es un problema intrínseco del mundo digital, sino un error de planificación estratégica. Para muestra, la locura por estar en los marketplaces. Si antes planificabas con detalle tu estrategia, haz lo mismo ahora con la parte digital.

Lo importante pues no es tanto estar si o si a cualquier precio en el mundo online, sino saber adaptar nuestra empresa a lo que lo digital nos ofrece, como la optimización de los procesos, la utilización de las nuevas herramientas para conectar mejor con los clientes, la transformación de los datos en conocimiento útil para la toma de decisiones o una mayor visibilidad de marca. La estrategia tendrá éxito si logramos dar coherencia a las acciones con lo más útil de ambos mundos.

Los NFT y otros negocios virtuales similares no serán desde luego los que den vida al tejido empresarial de las sociedades. Son solo una consecuencia imprevista y, por qué no decirlo, algo anómalo, que solo pone de manifiesto hasta donde se pueden explotar las capacidades de las nuevas tecnologías, y que desde luego tiene su mercado. Pero si hablamos de futuro tangible, sigo pensando que la economía real seguirá siendo muy relevante en los próximos años, reformulada y adaptada a los nuevos tiempos, pero siendo en esencia la misma de siempre. Y las pymes, como siempre, serán siendo también las que protagonicen los nuevos escenarios que ya están configurándose.

 

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(Imagen de portada: <a href=»https://www.freepik.es/vectores/fondo»>Vector de Fondo creado por Kerfin7 – www.freepik.es</a>)

 

 

 

 

 

 

Diferenciación como estrategia empresarial

¡Es la diferenciación!

Cuando nos preguntamos por qué los productos o servicios que lanzamos al mercado no acaban convenciendo a los clientes, casi siempre ponemos las mismas justificaciones, o similares…

  • Hay mucha competencia.
  • La tarta que tenemos que repartirnos es pequeña.
  • Están tirando los precios.
  • Nos ponen muchas trabas los canales de distribución principales.
  • Es complicado competir con los altos presupuestos de publicidad de la competencia.
  • El mercado no valora la superioridad de mis productos.

¿Qué tienen en común todos estos argumentos? Sí, has acertado. Todos se refieren a causas externas como responsables de que nuestra oferta no acabe de encajar con lo que buscan los consumidores.

Y sí, muchas veces es cierto que existen unos mercados más saturados que otros o que hay competidores que disponen de más recursos que nosotros, es verdad. Pero también es cierto que no existe un mercado donde no haya competencia o lucha de precios. Si hay un nicho atractivo en el que competir, las propias leyes de la libre competencia harán que pronto acudan a él muchas pymes deseosas de satisfacerlo de la mejor forma que sepan.

Por tanto, si lo que queremos es un océano azul, limpio y virgen solo para nosotros, tardaremos en encontrarlo, si es que llegamos a ello, pero aun así piensa en lo que comenté anteriormente, al final llegarán competidores que indefectiblemente harán que el océano se vaya tiñendo de rojo poco a poco. Pero tranquilo, lo que pasa no solo es normal, sino que es síntoma de que el nicho es atractivo y que has acertado. Lo que hay que hacer, incluso antes de desembarcar en estas nuevas aguas es dotarte del equipamiento necesario que te permita mantenerte en una buena posición durante el mayor tiempo posible.

Más allá de tratar de buscar causas externas a los resultados de tu estrategia empresarial, vale la pena mirar dentro de nosotros y analizar qué estamos haciendo, para qué y si todo ello tiene algún sentido para las personas o empresas a las que queremos llegar.

 

Primer paso, entender lo que somos como empresa.

La primera cuestión que es necesario dilucidar es saber la posición de nuestra pyme en la sociedad. Sé que muchos pensaréis que esto no es necesario “con los años que lleva mi empresa en el mercado”, pero vale la pena preguntárselo porque los entornos cambian y la sociedad también. Piensa por ejemplo en como el comportamiento del consumidor ha ido evolucionando durante las últimas décadas o también el impacto creciente de las nuevas tecnologías en todos los ámbitos.

La respuesta que des a la razón de la existencia de tu empresa condicionará la propuesta que hagas a los clientes.

  • IKEA, por ejemplo, dice de si misma que está para mejorar la vida cotidiana de sus clientes.
  • Google quiere organizar la información de mundo y hacerla accesible a todos.
  • El Corte Inglés apuesta por generar a la sociedad que nos rodea crecimiento, riqueza y empleo a través de la búsqueda de la plena satisfacción de nuestros clientes en cada proyecto.
  • Procter & Gamble (Ariel, Evax, Guillette, Oral-B…) promete que ofreceremos productos y servicios de marca de una calidad y un valor superiores que mejoren las vidas de los consumidores de todo el mundo, ahora y en las futuras generaciones.

Todas estas grandes firmas desarrollan sus productos basándose en la razón que explica su existencia. Y, en la mayoría de los casos, con éxito. Sus productos cumplen perfectamente con lo que se han propuesto ser como empresas llevándolo al máximo nivel. Y, por supuesto, contando con una gran competencia en mercados muy maduros y que exigen un altísimo grado de compromiso con los clientes a los que atienden.

He puesto estos ejemplos porque son una referencia para cualquier empresa y, aunque tu pyme tenga un tamaño mucho más pequeño o creas que dispones de menos recursos, tienes la obligación de poner negro sobre blanco la razón que explica tu presencia en la sociedad. Te ayudará a construir una propuesta de valor consistente y robusta con más posibilidades de éxito.

 

Solo hay una manara de competir: diferenciarse de la competencia.

Michel Porter, un referente para cualquier estudioso del marketing, decía que la estrategia consiste en tomar decisiones, ventajas y desventajas, se trata de elegir deliberadamente ser diferente. Para él, la estrategia corporativa es “el camino para ser únicos”.

Las enseñanzas de Porter, por más que la sociedad haya ido cambiando durante estos años, siguen estando hoy plenamente vigentes. Realmente, no hay más camino para que una organización pueda sobrevivir en los entornos tan exigentes y competitivos como los actuales que encontrar el elemento que la hace ser diferente y única a los ojos del consumidor. Y siendo fieles a su razón de ser.

Geox, la conocida firma de calzado basa su diferenciación en la innovación tecnológica que supone la transpirabilidad de sus productos, de hecho, se conoce como el calzado que respira. Algo similar a lo que lleva años haciendo Guillette con sus sistemas de afeitado, diferenciarse por una tecnología superior.

También es posible diferenciarse rompiendo las tradicionales barreras de un sector a través de ideas innovadoras que atraigan a clientes que antes no lo hacían -precisamente por esas barreras-. Ejemplos como Housers, una plataforma online que facilita la inversión inmobiliaria a cualquier persona (desde 100 € de inversión) o Clicars, un sistema online para adquirir coches de segunda mano con entrega a domicilio en menos de 24 horas, ponen de manifiesto que siempre es posible encontrar un espacio que te haga único en el mercado.

Especializarse en un nicho muy definido también te permitirá lograr una diferenciación basada en tu conocimiento y experiencia de este. Uno de los ejemplos más conocidos -hay muchos- es The North Face®, la firma norteamericana especializada en ropa y accesorios de aventura. Cuando un cliente busca qué ponerse cuando está pensando en aventura, The North Face® es una de las empresas que seguro estará en su mente. Ha logrado un elemento que la hace ser diferente y reconocible: ser la firma especialista en ropa de aventura.

Y la capacidad para lograr una diferenciación es ilimitada. Solo tienes que estudiar muy bien el mercado al que te diriges y analizar tanto las empresas que están compitiendo como el comportamiento de los consumidores. A partir de esa información, podrás ver huecos o espacios que o no están suficientemente cubiertos o directamente no existen. Piensa en momentos de consumo, usos diferentes, segmentos de público nuevos, personalización de productos o servicios, generación de nuevas experiencias, ampliación de servicios… El límite lo pondrá tu capacidad de análisis e imaginación.

Siempre me acuerdo cuando toco el tema de la diferenciación del Circo del Sol, un ejemplo de éxito que seguro conoces y que en su momento rompió con los clichés clásicos del circo tradicional para inventar una nueva categoría de espectáculo. ¿Cómo lo hizo? Aplicando todo lo que estoy comentando en este blog, de forma atrevida y radical. Estudió todo lo que ya se hacía en el circo de toda la vida y contrapuso elementos disruptivos, aunque fiel a su porqué, invocar la imaginación, provocar los sentidos y evocar las emociones de las personas alrededor del mundo. Eliminó animales, payasos o magos y redefinió el concepto de espectáculo familiar para siempre. Aunque es muy conocido, todavía hoy me asombra y es un ejemplo inspirador para que muchas pymes puedan iniciar un proceso de diferenciación sobre todo en mercados muy maduros.

 

El camino de la diferenciación nunca se acaba.

Hasta ahora has visto que diferenciarse de la competencia es una buena estrategia. Has realizado un análisis interno para descubrir la razón por la que existe tu empresa y tienes clara tu misión en la sociedad. También has observado en detalle a tus competidores y a tu cliente potencial actual. Sabes perfectamente qué herramientas utiliza cada uno para convencer al consumidor y tu posición frente a ellos. Y has conseguido analizar todo ello y detectar, con mucho esfuerzo, posibles vías para lograr una diferenciación. ¡Te pones en marcha!

Y, sin embargo, aunque pienses que sí, lo único que acabas de hacer es empezar el camino.

Porque, como bien saben las grandes marcas que antes he puesto como ejemplos, si eres capaz de crear un mercado nuevo gracias a una diferenciación muy acusada -y valorada por los clientes- pronto tendrás a muchas empresas que, con similares estrategias, competirán contigo en el mismo espacio que has creado. Toda Coca-Cola tiene su Pepsi, todo Lidl su Aldi y toda Gillette su Wilkinson. Es la dura ley del mercado.

La única salida viable para mantener tu posición en el mercado es persistir en la estrategia de diferenciación que hayas elegido. Coca-Cola con nuevos formatos y sabores, Lidl con la introducción de productos frescos y artículos novedosos a precios bajos y Guillette con sistemas de afeitado tecnológicamente más avanzados. Y tú empresa también, según la razón de ser que marque tu estrategia. Lo importante es dar continuidad a lo que te identifica y conecta con tus clientes.

Y sí, siempre tendrás competencia. Más cuanto mejor lo estés haciendo. Y es precisamente esa competencia la que te hará mejor cada día, la que te empujará a buscar de forma permanente aquellos rasgos o características que te harán único a los ojos de tus clientes. Como ves, un camino sin meta final pero bien definido.

  • ¿Sabes ya la razón de ser de tu organización?
  • ¿Conoces lo que te hace diferente de tus competidores para tus clientes?
  • ¿Por qué los clientes piensan que tus competidores tienen productos únicos?
  • ¿Puedo dar un mayor valor al cliente que todavía nadie lo esté dando?

Estas son algunas preguntas que pueden servirte de inspiración para comenzar el camino de la diferenciación. Te aseguro que la aventura merecerá la pena. 😉

 

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La hora de las pymes marketing y estrategia para la era postpandemia

La hora de las PYMES

Empezamos un nuevo curso, escolar, político, económico y empresarial. Como cada año, después del verano, con la mente y el cuerpo algo más despejados, renovamos ilusiones de cara a un nuevo periodo de actividad con la esperanza de que, esta vez sí, es el momento de encarar el futuro con otra mirada, con otro ánimo, con otra perspectiva.

No insistiré en lo duro que ha sido para muchos de nosotros estos últimos meses. Y en parte, sus efectos siguen notándose. En este tiempo algunos se han quedado por el camino, otros han conseguido mantenerse y unos pocos incluso han tenido una buena etapa, beneficiados por una situación atípica que nadie hubiese imaginado. Y, como siempre, las grandes organizaciones han conseguido salir con bastante éxito del frenazo económico que ha afectado a todas las empresas del planeta. Nada nuevo que no hayamos visto en anteriores crisis, como la de 1927, la del petróleo en los años 70/80 del pasado siglo o más recientemente en la de 2007. Los ganadores siempre son los mismos.

Aún con todo, el que a los grandes les haya ido bien no se traduce en un mayor crecimiento económico, más empleo o mercados más atractivos y rentables. En economías abiertas solo con la participación activa y el impulso de las pymes se logrará avanzar en este nuevo ciclo económico. De hecho, en España las PYMES representan:

  • El 65 % del PIB nacional.
  • El 75 % del empleo total.
  • El 99 % del tejido productivo.

Durante los últimos dieciocho meses hemos podido comprobar las diferentes respuestas de las pymes ante la situación creada por la pandemia. Además de incorporar a marchas forzadas un teletrabajo para la que muchas no estaban preparadas, ERTE´s aparte, los empresarios tuvieron que buscar soluciones improvisadas para mantener sus negocios operativos y seguir dando servicio a sus clientes. Y todo ello con los riesgos derivados del COVID-19 y las limitaciones a la actividad impuestas por el gobierno.

Las videoconferencias se convirtieron en un elemento útil para seguir en contacto con proveedores y clientes. Y para otros, la apresurada implantación de un ecommerce improvisado fue la solución a corto plazo. Por desgracia, muchas de estas plataformas de venta online nunca llegaron a despegar. Como siempre, sin una estrategia previa, aunque esta se planifique en poco tiempo, las posibilidades de fracaso son bastante altas.

A pesar de lo anterior, he podido comprobar con satisfacción cómo otras empresas han aprovechado este periodo de incertidumbre para revisar y actualizar su modelo de negocio. Mientras actuaban en el corto plazo, atendiendo el día a día de sus respectivas empresas, iban preparando ya el futuro post-pandemia. Eran parte fundamental del tejido productivo y lo iban a seguir siendo, aunque con algunos cambios. Muchas de estas pymes ya están en disposición de iniciar el nuevo curso con estrategias claras y líneas de actuación definidas. Con cautela, pero con mucha ilusión y, sobre todo, en mejores condiciones que hace año y medio.

 

¿Con qué armas salen las pymes a plantar batalla?

Lo primero que han entendido estas empresas es el valor que tiene el contacto con el cliente. Para entender esto ha tenido que llegar un virus chino, es cierto, pero se ha demostrado que antes que la venta está la conexión con el cliente. Y no me refiero a publicidad.

Hay que ser conscientes de que todos (compradores, intermediarios o vendedores) somos clientes de otros. Y solo buscando esta perspectiva seremos capaces de entender las verdaderas motivaciones y necesidades de aquellos que confían en nuestra organización. Las estrategias basadas en Customer Centric son ahora más necesarias que nunca. Todos lo hemos entendido por fin, aunque las malas. Y estos meses han sido aprovechados para que toda la estructura de la pyme oriente definitivamente su actividad a servir de la mejor manera los intereses de sus clientes.

Esto ha llevado a su vez a reorganizar la estructura interna de las organizaciones. Ahora el modelo de trabajo híbrido (presencial/remoto) está consiguiendo dotar de mayor flexibilidad a los empleados. Gracias a la tecnología, no solo trabajan más motivados, sino que son más eficaces y ágiles en trabajos colaborativos con otros compañeros o clientes.

Las prioridades de la pyme ahora son las prioridades que tienen sus clientes. Esto significa que ya no se pueden obviar cuestiones como la ética empresarial, el medioambiente, la responsabilidad social o la transparencia. Las personas cada vez exigen un mayor compromiso de las firmas con la sociedad. De nada vale tener un buen producto o servicio si la imagen que proyectas no sintoniza con lo que los clientes esperan. Un ejemplo lo tuvimos en 2015 con la empresa Volkswagen y la ocultación deliberada de las emisiones no permitidas de sus motores diésel. El coste para su reputación, los más de 16000 millones de euros de impacto financiero y el daño adicional a la marca “Germany” han sido históricos. Tanto que lograron que el mercado mundial de vehículos diésel se hundiera.

Y en línea ascendente, también está el hecho de que ya es muy habitual que los clientes valoren todo aquello que permita tener una experiencia grata. Cuando hablamos de experiencia hay que entenderlo de forma global, de forma que desde la búsqueda de un producto o contacto inicial con el posible cliente sea satisfactoria. Y culminando con la experiencia posterior a la compra, de tal forma que el cliente no solo esté satisfecho, sino que incluso hable de nuestra empresa y nos recomiende. Conseguir que un cliente sea prescriptor de nuestra marca es uno de los mayores reconocimientos de una óptima interacción con el cliente.

Consecuencia de lo anterior, está la necesidad de ampliar los canales de comunicación con nuestros actuales y potenciales clientes. Tanto offline como online, la empresa tiene que hacer llegar sus mensajes y mantener un contacto fluido con sus clientes. Y trasmitir los mismos valores en todos ellos. Ya sea en un chat, en una llamada telefónica o presencialmente, el cliente no debería notar diferencia alguna en cuanto al servicio recibido. Sé que es difícil, pero es lo que esperan los clientes. Si estás desaparecido en algún canal principal, otras marcas ocuparán tu lugar. (Esto es algo que está pasando por desgracia en muchos casos, cuando empresas dejan de tener presencia en medios tradicionales como la prensa o las ferias. Se deja todo en manos de la magia de “lo digital” pensando que es suficiente y pierden inmensas oportunidades de negocio).

 

Llega de nuevo el momento de las PYMES.

Más contacto con el cliente, ponerlo en el centro de las estrategias, fomentar un trabajo híbrido y flexible, apostar por un mayor compromiso social, generar experiencias satisfactorias para los clientes y establecer una comunicación omnicanal son solo algunas de las claves que las pymes están teniendo en cuenta para abordar los próximos meses con más seguridad.

Las pequeñas y medianas empresas cuentan con más capacidad de adaptación que las grandes y pueden realizar los cambios en menos tiempo. Además, en muchas ocasiones, disponen de más cercanía con el cliente final. Estas ventajas frente a otras organizaciones con más estructura, pero menos ágiles, ponen a las pymes en una situación inmejorable para abanderar la recuperación económica y volver a una senda de normalidad y crecimiento. En el fondo, volverán a liderar el cambio. Como históricamente siempre ha sido.

En este sentido, he tenido el privilegio de poder acompañar a algunas de estas empresas que han hecho un análisis certero de lo que estaba pasando y han aprovechado este tiempo para actualizar y modernizar sus estructuras para abordar la nueva etapa que ya está aquí.

Han entendido que disponer de una estrategia de marketing y comunicación adaptada a la nueva realidad, con la suficiente flexibilidad para realizar cambios en poco tiempo, es el camino para volver a tener una presencia en el mercado potenciada con nuevas herramientas. No han perdido la comunicación con sus clientes, y han abierto más canales de interacción con ellos, combinando al mundo analógico con el digital. Y no solo han conseguido mantenerse en una buena posición, sino que han ido dejando atrás a otras pymes de la competencia que, desbordadas, por desidia o incapacidad de reacción, únicamente han sobrevivido durante estos meses a base de ayudas y ERTE´s. Han esperado que vuelva todo a lo que conocíamos sin entender que ahora la realidad es muy distinta.

Los que han sabido entender los cambios en el mercado y han apostado por el marketing estratégico como el camino para potenciar su marca y seguir cerca de los clientes hace tiempo que están disfrutando de los frutos de ese esfuerzo.

No nos engañemos, las necesidades crecientes de los consumidores seguirán estando ahí. Y están esperando a que pymes como la tuya estén a su lado para satisfacerlas. ¿Quieres ser protagonista, actor secundario, figurante o mero espectador? Sin duda alguna, ahora hay más oportunidades que antes para las pymes. Y están esperando a aquellos que tengan la capacidad y la decisión de ir a por ellas. ¿Estás preparado para ello? ¿Dejarás a otros la iniciativa?

Verano 2021 Tiempo de Reflexion para las pymes

Verano…

Cuando ya estamos en plena canícula veraniega parece que todo se ralentiza, incluso se detiene. Horarios reducidos, plantillas escasas, buzones de email silenciados, calles vacías… La mente y el cuerpo parecen reclamar un tiempo muerto, un impasse que sirva para reducir tensiones acumuladas, descomprimir todo lo que nos ha estado apretando durante el año y despejar la cabeza.

Es en verano cuando intentamos pensar en otras cosas, leer esos libros que siempre dejamos aparcados por falta de tiempo, hacer ese viaje que estamos posponiendo mes tras mes o ir a visitar a las personas que hace tiempo que no vemos. Son algunas de las cosas que nos proponemos cada verano y que muchas veces no logramos realizar.

La desconexión de nuestro día a día no es fácil, seguro que lo sabes. Por desgracia, somos esclavos de ciertas tareas y es a veces muy complicado desentenderse de ellas. ¿Olvidarse de consultar los emails? ¿Tener el móvil en silencio durante el día? ¿Renunciar a ver lo que se “cuece” en las RRSS? ¿Pasar de ciertas personas? Cosas que te sonarán sobre todo si eres autónomo o responsable directivo. Olvidarse de las rutinas y obligaciones, aunque sea durante una o dos semanas, puede convertirse en algo estresante.

Y estoy de acuerdo con la mayoría de los psicólogos, que cada año nos recuerdan que tenemos que ser capaces de interrumpir nuestras obligaciones laborales o personales para lograr un buen descanso físico y mental. Esa tendría que ser nuestra actitud, y llevarla a la práctica. ¿Te has ido de vacaciones alguna vez sin tu portátil? Esa sería una buena prueba de fuego ¿no te parece? Conozco a gente que lo ha hecho y ni se ha hundido el mundo ni ha estallado una crisis. Por fortuna nadie, ni siquiera los CEOs de las más grandes organizaciones, es imprescindible. Y es bueno que sea así.

Pero el verano es muy largo. No solo son los quince o veinte días de vacaciones reales. Y en estas semanas, cuando la actividad se reduce, es un buen momento para parar y hacer algo que casi nunca hacemos durante el año: Reflexionar. Ya el verano pasado dediqué un post a esta cuestión y no voy a repetirme ahora. Pero creo que ahora que las perspectivas sanitarias y económicas parece que están en mejor camino es un buen momento para pensar en lo que estamos haciendo en nuestras empresas y qué caminos tenemos que iniciar para después del estío.

No se trata de elaborar grandes planes, ni de buscar metas o logros imposibles de realizar, sino de dejar que tu cerebro navegue libremente para tener una perspectiva diferente, menos condicionada y más abierta, de tu situación profesional y empresarial. Como decía Van Morrison el verano Huele el mar y siente el cielo. Deja volar tu alma y tu espíritu.

Cuantos más dejes libres tus pensamientos habrá más posibilidades de que afloren ideas o conceptos que nunca habrías imaginado. Aunque en realidad siempre estaban ahí, pero nunca les distes opción a manifestarse.

Te propongo que durante este verano dediques cada día un pequeño tiempo -como una media hora- a esta actividad reflexiva. Busca el momento más tranquilo del día, a primera hora, a media tarde o ya de noche. Y un lugar cómodo que te permita “aislarte” durante ese tiempo sin ruidos ni interrupciones. Una vez que estés relajado, cierra los ojos, respira varias veces de forma pausada y pon la mente en blanco. Sí, ya sé que no es fácil, pero hay que intentarlo (los budistas dicen que con la práctica se logra). Es como al que le gusta escribir. Todos los días se obliga a escribir, aunque sea solo unos minutos. Al principio el folio está en blanco y, con el paso de los días, este poco a poco se llena de textos. Esta técnica te ayudará a la desconexión física y mental y creará el ambiente apropiado para que afloren en tu mente nuevas perspectivas.

Quizás no lo logres el primer día, ni el segundo, ni la primera semana. Pero si persistes, al final conseguirás convertirlo en una rutina. Y no solo tendrás beneficios personales, como un mayor equilibrio, tranquilidad y serenidad, sino que despertarás nuevas capacidades y posibilidades que te darán una perspectiva diferente acerca de lo que haces y lo que podrías hacer.

Yo no soy psicólogo, ni pretendo serlo. Pero me consta que las técnicas que se utilizan para calmar la mente y centrarla en el presente conlleva muchos beneficios para las personas que las ponen en práctica. Y en mi terreno, el marketing estratégico, que ya de por si necesita mucha reflexión y análisis, sí puedo asegurarte que es una buena manera para generar ideas y conceptos nuevos que en otras circunstancias sería mucho más complejo de conseguir. La ventaja del verano es que tenemos tiempo para hacerlo y ninguna presión para conseguir resultados. Como te he comentado, verás que ese rato diario solo para ti te compensará con creces un muy poco tiempo. ¿Te parece posible lanzarte a ello?

Así que este verano descansa, disfruta con la gente que te importa, haz cosas que no puedes hacer durante el año y no olvides reservarte cada día ese espacio personal de tranquilidad y relajación. Y si surgen nuevas ideas o perspectivas, apúntalas inmediatamente. El verano es muy largo y luego en septiembre quizás no nos acordemos ya de nada. Es importante tomar nota de todo aquello que creamos interesante. Nunca se sabe. 😉

Si das el paso, como espero que hagas, en septiembre contarás con más armas y argumentos para iniciar el nuevo curso. Desde tu posición en la empresa, directivo, responsable, autónomo o empleado, tendrás quizás una visión diferente y alternativa de tu trabajo. Y es posible que alguna de las ideas o reflexiones veraniegas cristalicen en acciones o estrategias nuevas con más posibilidades de éxito. Y aunque no sea así, descubrirás una técnica que podrás poner en práctica todo el año, no solo en verano. ¡Eso ya es un éxito en toda regla!

¡Que tengas un buen verano! ☀️

 

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Errores en Estrategias de Marketing y Comunicación

Estos errores en marketing se podrían haber evitado. Por qué fracasaron y qué lecciones nos dejan.

El marketing, como muchas otras disciplinas, no es una ciencia exacta. Y, aunque a algunos de los directivos les gustaría que fuese así, hay que aceptar la realidad. En la dirección de marketing y comunicación se manejan muchas variables, datos que pese a estar medidos, están sujetos a cierta incertidumbre. Cualquier elemento inesperado puede trastocar el mejor plan de marketing, como nos lo ha recordado la actual pandemia.

Sin embargo, muchos de los fracasos que se producen en el área del marketing y la comunicación sí son evitables. Se producen por errores de apreciación, un mal análisis del mercado, un cálculo realizado sin tener en cuenta las variables que afectan al resultado o, a veces, por apostar por un producto novedoso del que no se está muy seguro de su éxito. Y estas malas decisiones conllevan pérdidas económicas y, muchas veces, un daño a la reputación de la marca. Hay muchos ejemplos históricos de errores en marketing, tanto es así que hasta existe un Museo de los fracasos en Helsingborg, Suecia, donde se exponen más de 150 productos que por una u otra razón han sido fracasos estrepitosos. Y es solo una pequeña muestra.

Hoy voy a detenerme en tres ejemplos de fracasos debidos a una mala planificación del marketing y la comunicación, porqué se han producido y que lecciones prácticas se pueden aprender de ellos.

 

Tu marca no vale para todo: Lasaña Colgate.

 

En los años ’80 la marca de dentífricos Colgate lanzó al mercado una sorprendente lasaña congelada con su marca. Los clientes de Colgate se quedaron absolutamente pasmados, al igual que cualquiera que viera el producto en el lineal del súper. Todavía después de muchos años se sigue sin entender muy bien la razón que pudo llevar a este gigante de la limpieza bucal a tomar esta arriesgada decisión.

Es cierto que Colgate tiene un posicionamiento top en su categoría de productos, destacando la calidad y un alto nivel de innovación en producto. Pero ese posicionamiento -lugar en la mente del consumidor- está precisamente en el segmento o categoría que lo identifica: la limpieza bucal. La lasaña es un producto que no tiene nada que ver con dicha categoría, no existe un posicionamiento de marca de Colgate en el segmento de la alimentación. En ese detalle puede estar el fallo de marketing.

Una extensión de la marca a otras categorías de producto es arriesgada si el consumidor no es capaz de entender el porqué de su presencia en ese nuevo segmento. La relación moda-perfume es un ejemplo de ampliación de marca en dos categorías relacionadas, como se pone de manifiesto con enseñas como Armani, Benetton o Hugo Boss. En estos casos, la transición de categoría no es un problema para el posicionamiento de la marca. El consumidor entiende que son categorías relacionadas y por eso no les causa sorpresa ni rechazo. Y tienen éxito. Oral-B, una firma que compite en el mismo nicho que Colgate amplió en su día la marca a los sistemas de limpieza bucal y ha conseguido estar hoy en lo que se conoce como top of the mind (líder de posicionamiento) de esta categoría.

La lección práctica que debemos extraer del caso Lasaña Colgate es que una marca, por muy reconocida que sea, no vale para cualquier producto o servicio. Si ampliamos la marca, tenemos que ponernos en el lugar del cliente y valorar si la respuesta a esta ampliación está justificada (si hay que explicarla), es lógica y, en especial, si el mercado la entenderá. Solo si estamos muy seguros de todo ello, con las correspondientes pruebas de mercado, podremos dar el paso con seguridad.

 

Ten en cuenta las particularidades del mercado al que te diriges. Catálogo IKEA para Arabia Saudí.

 

Hasta marcas tan marketininanas como IKEA pueden cometer errores en el área de marketing, como de hecho sucedió en 2013 cuando buzoneó su nuevo catálogo de muebles y artículos para el hogar en Arabia Saudí. ¿Qué pasó?

Como sabemos, los países musulmanes como Arabia Saudí tienen particularidades culturales que hay que tener en cuenta, no solo para cuestiones empresariales, sino en general para las relaciones con ellos. Temas como el alcohol o la carne de cerdo son ya muy conocidos, pero también el papel de la mujer en estas sociedades. Y, aunque no estemos de acuerdo con ello, si queremos desembarcar con éxito en estos países, no quedará más remedio que adaptar los productos y los mensajes a esta realidad.

En 2013 IKEA presentaba en su catálogo a mujeres en diversas situaciones en el hogar para presentar los productos de la marca sueca. Lo que pasó es que hubo un rechazo generalizado en la sociedad saudí, muy estricta con cómo tiene que aparecer la mujer en situaciones públicas (ropa, discrección…), a la imagen de las modelos femeninas que figuraban en las fotos. Les parecía indecoroso y contrario a sus valores culturales.

IKEA eliminó del catálogo a todas las mujeres y volvió a distribuir uno nuevo.

Independientemente de lo que pensemos acerca de los valores de una sociedad, si queremos introducir un producto o servicio en un nuevo mercado, es indispensable analizar y valorar antes sus creencias y valores. Países como el citado, u otros con culturas muy diferentes a nosotros, como los asiáticos, tienen características que pueden obligarnos a adaptar o cambiar nombres, packaging, colores, mensajes o formatos. Todos nos acordamos todavía el lanzamiento del Mitsubishi Montero en países como España, mutado su nombre desde el original “Pajero”. Y hay muchos ejemplos más.

Las marcas globales en general tienen en cuenta todo esto, pero a veces se cometen errores que tienen consecuencias. El caso de IKEA fue solucionado con éxito, pero en otras ocasiones el daño fue irreparable y hubo que renunciar al nuevo mercado.

Conocer en profundidad la realidad social y cultural del área geográfica donde vas a aterrizar es otra de las funciones clave del marketing y la comunicación que siempre debes de tener muy en cuenta.

 

Morir de éxito: abarcar más de lo que tu empresa puede ofrecer.

 

Este es un caso que he conocido en primera persona, por eso me permitiréis no decir el nombre de la empresa 😉.

Es la historia de una nueva empresa creada en torno a un producto tecnológico revolucionario y, en su momento, único. Un sistema de reconocimiento de caras en tiempo real por videocámaras con un potente software patentado. Un producto que encajaba perfectamente en cualquier empresa o institución que necesitara vigilar e identificar a posibles infractores, es decir, un mercado amplio y atractivo.

Se trataba de una empresa joven y, dentro de su estrategia de marketing, se fijó en las grandes cadenas de distribución, como Alcampo o Carrefour. Sin pensar y reflexionar sobre la capacidad de atender al mercado al que se estaba dirigiendo, consigue una prueba en uno de estos centros, con gran éxito, consiguiendo un pedido inicial de 240 sistemas para varios de sus establecimientos en España.

Pronto, la alegría inicial dio paso a la decepción posterior. La empresa no estaba en condiciones se suministrar más de 100 sistemas al año, y redimensionar sus equipos y estructura (compras, fabricación, configuración, suministro e instalación) le llevaría al menos dos años. La conclusión fue abandonar momentáneamente el contrato y centrarse en capacitar a la empresa para poder suministrar el mercado.

Además de lo anterior, la firma se había presentado a bombo y platillo en una de las Ferias más importantes del sector de la seguridad, adquiriendo compromisos comerciales que no pudieron atenderse. Como se dice, la empresa murió de éxito. En este caso concreto, la solución fue adquirir más tamaño y capacidad a través de una alianza con otra firma más grande del sector.

Los riesgos de una mala planificación en el lanzamiento del producto, donde intervienen todos los departamentos de la empresa son evidentes, como bien aprendió Guillette, al que recientemente le dediqué un post, en el lanzamiento de su maquinilla Sensor. Una gran campaña publicitaria mundial que logró vender millones de maquinillas por encima de lo esperado y aun así dejó sin maquinillas a otros millones más de potenciales clientes. Tuvo que parar en seco la campaña y reorganizar su estrategia.

Dar tiempo de reacción a tu competencia (y cuota de mercado) y una mala imagen de marca es lo que se consigue sino se miden bien todas las variables de una campaña de lanzamiento de producto, como has podido comprobar.

 

Los errores son humanos, aprender de ellos también.

Podría seguir con muchos más ejemplos de errores en marketing y comunicación:

  • Bajar precios para ganar cuota (la cuota no es un fin sino la consecuencia de una buena estrategia de marketing).
  • Pensar que tu producto siempre será aceptado (no entender que los productos tienen un ciclo de vida) y dejar terreno a la competencia para la innovación.
  • Diseñar de forma equivocada el perfil de tu público objetivo (lanzamiento del Renault Twingo en España “para mujeres”).
  • Utilizar canales de distribución equivocados.
  • Pensar que una tienda online multiplicará tus ventas.
  • …y muchos más.

 

Aún después de lo que te he contado, ciertamente tengo que romper una lanza en favor de muchas de estas empresas que han “fracasado” en alguna de sus iniciativas de marketing. La verdad es que casi siempre se aprende más de un fracaso que de un éxito. Y si no se innova y se intenta hacer cosas diferentes, es difícil lograr productos que realmente sean exitosos y consigan el favor del mercado. Por esa razón, yo apuesto por estrategias de marketing que aporten creatividad y diferenciación, con cierto riesgo calculado dentro de las posibilidades de la empresa que lo aborde y tomado en cuenta todas las circunstancias que afectarán al resultado esperado.

No hay que temer a un posible fracaso cuando hablamos de estrategias de marketing. De hecho, el peor fracaso es no hacer nada y seguir igual. Hay que hacer cosas nuevas, pero, siempre que no consigamos los objetivos, ser lo suficientemente inteligentes para aprender de lo que no se ha hecho bien y mejorar en el futuro. Como dijo Winston Churchill, “El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse”. Y no puedo estar más de acuerdo con él 😊.

 

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