Responsabilidad Social Corporativa

Responsabilidad Social Corporativa, una apuesta empresarial ganadora a largo plazo.

Se habla mucho últimamente de la Responsabilidad Social de las empresas, de las estrategias que muchas organizaciones ponen en marcha para contribuir a la mejora de la sociedad asumiendo que son parte de esta y tienen un compromiso con ella. Sin embargo, y a pesar de que es una tendencia que va en aumento, son pocas las empresas que realmente despliegan una estrategia real de responsabilidad social y la mayoría realizan acciones de lavado de imagen con fines exclusivamente reputacionales.

Conviene definir exactamente, para saber de qué estamos hablando, lo que es y lo que no es la RSC. Según el Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa, es una forma de dirigir las empresas basado en la gestión de los impactos que su actividad genera sobre sus clientes, empleados, accionistas, comunidades locales, medioambiente y sobre la sociedad en general. Es decir, afecta a la manera en la que orientamos nuestra estrategia empresarial con una visión amplia sobre la sociedad.

Encontrarás también en algunos sitios el término del Triple Balance o Triple Cuenta de Resultados, que hace referencia a las tres dimensiones a áreas en las que la actividad de la empresa tiene impactos: la económica, la ambiental y la social. También encontrarás el término Responsabilidad Social Empresarial, que tiene prácticamente igual significado, aunque en este caso se refiere más a las pymes y no a otras instituciones o a la Administración.

 

Los tres ejes de la Responsabilidad Social de la Empresa

 

Qué es y qué no es la Responsabilidad Social Corporativa

Como he comentado, la RSC va más allá del cumplimiento de la normativa legal que obliga a las empresas, porque es voluntaria. Y desde luego, es algo totalmente diferente de la realización de acciones puntuales como pueden ser una donación de la empresa a una acción social o la colocación de paneles solares en la sede de la organización. La RSC, para poder ser tal, debe de cumplir al menos con estos requisitos:

Debe ser asumida por la dirección de la empresa y todos sus empleados como una línea estratégica más ligada a su actividad.

Por tanto, su despliegue debe tener un alcance a largo plazo casi permanente.

Debe contar con recursos económicos y humanos asignados específicamente a esta estrategia.

Tiene que contemplar los tres ejes que he mencionado anteriormente: el económico, el social y el medioambiental.

Como consecuencia de lo anterior, deberá tener un impacto positivo y significativo no solo en la estructura de la propia empresa, sino en todos los que participan en la cadena de valor (proveedores, clientes, intermediarios, colaboradores…) y en la sociedad.

Debe ser rentable. Una estrategia RSC deberá contribuir a un mejor uso de los recursos y a una mejora en el retorno de las inversiones realizadas (pueden ser retornos tangibles o intangibles).

Como ves, si analizas la política de RSC de muchas de las pymes que puedas conocer, seguramente son pocas las que cumplen los requisitos anteriores, exceptuando quizás a las grandes empresas, donde esta estrategia está ya muy asentada desde hace años.

Puedes pensar entonces que las pymes normales, de un tamaño pequeño o medio no pueden hacer una estrategia de RSC debido a su alto coste o complejidad, pero no es así. De hecho, cada vez más empresas de un tamaño medio están involucrándose en esta iniciativa. Y no, el coste no debería ser un problema. De hecho, gestionar la RSC en una multinacional con diversas sedes en múltiples países es infinitamente más costoso y complejo que en una pyme media.

La clave está en la mentalidad de cambio en los cuadros directivos, entender que el papel de la sociedad de las organizaciones, de todos los sectores y tamaños, no está solo en realizar una actividad lucrativa y cumplir la legalidad. Pueden y deben aportar más a la sociedad. Un compromiso que no solo beneficia al exterior de la pyme, sino que revierte de forma muy positiva en la buena marcha de esta.

Por qué la RSC siempre es una buena apuesta para las pymes.

“Según el informe 2020 Zeno Strength of Purpose, 9 de cada 10 consumidores analizados en 8 países aseguran que premian a las empresas que generan un impacto positivo en el mundo. Compran los productos de esas marcas 4 veces más, les apoyan en momentos difíciles hasta 6 veces más, les recomiendan 4,5 veces más y confían en la marca 4 veces más”.

En España, según un el estudio de AECOC Shopperview (noviembre de 2020), un 46 % de los consumidores se fijará más en las marcas comprometidas con la sociedad. Un reflejo de la importancia creciente de la valoración de los aspectos sociales por parte de los clientes a la hora de elegir una marca.

Los beneficios de aplicar una estrategia de Responsabilidad Social Corporativa no solo se dan en el seno interno de la empresa sino también en el ámbito externo.

En la empresa:

  • Mejores condiciones de trabajo de las personas, lo que se traduce en una mayor productividad y retención del talento.
  • Menores costes debidos a procesos más eficientes, menos contaminantes y con mayor índice de reciclado.
  • Mejora de la imagen de la compañía y más visibilidad de marca, lo que se traduce en mayor tasa de éxito en sus relaciones comerciales.
  • Diferenciación respecto a otras firmas de la competencia.

 

En el ámbito externo:

  • Creación de externalidades positivas (efectos beneficiosos en terceras empresas) debidas a acciones de mejora realizadas en la cadena de valor.
  • Incremento de la calidad de vida de las personas afectadas por nuestras acciones de RSC.
  • Mejoras medioambientales que impactan de forma beneficiosa en la salud general de las personas.
  • Creación de riqueza en otras empresas o personas sobre las que nuestras acciones tienen efecto positivo.

 

Evidentemente, los beneficios que nacen de una política de RSC bien estructurada dependerán de las acciones que se realicen al ponerla en marcha. Pero no cabe duda de que son beneficios tangibles y medibles. Como señalé más arriba, una RSC que no genere rentabilidad, sea esta financiera, social o medioambiental, no puede considerarse como tal. Por esa razón muchas pymes fracasan con estas iniciativas, cuando se busca un incremento de la reputación empresarial de forma coyuntural y no hay un plan a largo plazo que contemple todas las dimensiones de la estrategia.

 

El ejemplo de las grandes empresas nos marca el camino

“Nuestro papel como empresa pasa por contribuir a mejorar el entorno social y económico produciendo de forma eficiente y responsable para generar prosperidad compartida” (Juan Roig, presidente de Mercadona).

 

Creo que no hay mejor manera de expresar la misión de una empresa como Mercadona que la de Juan Roig. En una sola frase ya deja claro que Mercadona apuesta por los tres ejes de una RSC bien entendida: el económico (las empresas), el social (las personas) y el medioambiente. Toda una declaración de principios que, además, lleva a la práctica desde hace muchos años con gran éxito. Una de sus últimas iniciativas es la Estrategia 6.25.

Al igual que Mercadona, otras muchas compañías están desarrollando interesantes programas de RSC. Puedes consultarlas en el ranking Merco de Responsabilidad Social y Gobierno Corporativo. Muchas de las líneas de actuación que están desplegando estas empresas pueden servirte de inspiración para plantearte una posible estrategia de RSC o RSE con criterio y coherencia. Te animo a que por lo menos eches un vistazo y valores. Lo importante es asumir desde la dirección que vamos a dar un paso adelante en el área de la responsabilidad social, estar convencidos, no por un asunto de marketing o de mejora de imagen, sino porque realmente queramos comprometernos en mejorar nuestro entorno y sociedad dentro de nuestras posibilidades.

No olvides que la RSC es una apuesta permanente de la empresa. No inicies nada que no tenga vocación de permanencia. Puedes empezar por lo más sencillo, tu propia empresa y tus empleados. Cosas como el ahorro energético, la utilización de materiales reciclados, la correcta gestión de los residuos, la implantación de vehículos eléctricos o las políticas de conciliación laboral son acciones accesibles para cualquier pyme. Y pueden ser un buen comienzo de una RSC duradera en el tiempo.

Si lo haces bien y eres honesto con esta estrategia, los beneficios llegarán tarde o temprano. ¿Te animas a intentarlo?

 

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Incertidumbre y Resliliencia empresarial

Incertidumbre empresarial, época de oportunidades.

¿Te provoca ansiedad la incertidumbre? ¿No tienes claro el camino que debes seguir en tu actividad empresarial? ¿Tienes dudas sobre si tus decisiones son las correctas? Tranquilo, no estás solo. Todos nos sentimos igual.

Las personas, incluso ya desde niños, necesitamos certezas, seguridad, entornos estables y predecibles, es natural. Pero ciertamente la vida no es así, ni el universo. A pesar de lo que podamos pensar, la mayor parte de los acontecimientos que se suceden tienen un alto comportamiento aleatorio, más aún en sociedades tan conectadas e interrelacionadas como las actuales. No es posible predecir con acierto casi ningún aspecto de nuestro devenir y, a pesar de todo, seguimos construyendo entorno a nosotros islas ficticias de paz y estabilidad.

En el mundo de la empresa estamos acostumbrados a pensar siempre en el futuro. Realizamos presupuestos, exploramos escenarios y desarrollamos planes estratégicos a corto y medio plazo. Con mayor o menor éxito, los directivos somos casi “adivinadores”, por más que contemos con información actualizada o informes de tendencias. Y, sin embargo, no podemos escapar a la aleatoriedad del mercado. Cualquier pequeño suceso ocurrido en la otra parte del mundo afecta a nuestro mercado local, desbaratando nuestros planes y obligándonos a rehacerlos.

Ese es el primer paso para reducir nuestra ansiedad ante la incertidumbre, reconocer que existe, que muchas cosas no son predecibles y que tenemos siempre que esperar lo inesperado.

Una vez aceptado lo anterior, tenemos que ser capaces de vencer la inacción o la parálisis ante decisiones de futuro. Pensar que hagas lo que hagas no valdrá para nada porque el mercado no es predecible no es una opción. Es en estos momentos cuando tienes que pensar que el mercado lo forman pymes y personas como tú, no es algo ajeno a ti. Y todos nos sentimos igual y tenemos que hacer frente a las mismas incertidumbres que tú.

Marcar objetivos para tu organización adaptándolos a una realidad cambiante es un reto, pero es un reto compartido por todos, y todos buscamos lo mismo, seguir siendo competitivos y generar valor a nuestros clientes. Por esa razón, la confianza tiene que ser el elemento clave para que podamos vencer nuestras dudas y tomar decisiones. La inacción conlleva que otros (el mercado o tus competidores) tomen las decisiones por ti, y es casi seguro que estas no te van a beneficiar.

La resiliencia, uno de los términos de los que más se habla en estos días por las circunstancias por las que estamos atravesando, es, desde un punto de vista empresarial, y según el Worl Economic Fórum, la capacidad de una organización para anticiparse, prepararse, responder y adaptarse a las disrupciones o cambios para mantenerse y prosperar.

No es una capacidad innata, no nacemos como empresarios resilientes, pero la buena noticia es que se puede entrenar y fortalecer. Tener una visión positiva de los cambios en el entorno -mercado, hábitos de los clientes, nuevas tecnologías…- realizar una autoevaluación de la organización -capacidades, recursos, valores, imagen de marca…- y replantearse nuevas y alcanzables metas es la mejor manera de entrenar la resiliencia. Siempre existe un camino y unas oportunidades para aquel que quiera lanzarse a por ellas.

Hace poco, uno de los responsables de una conocida bodega comentaba que su empresa, con más de 120 años de trayectoria, había sobrevivido a dos guerras mundiales, a una guerra civil, a multitud de crisis económicas de toda índole y ahora, afronta una pandemia mundial. A pesar de todo, la bodega ha sabido adaptarse a todos estos cambios, dramáticos o no, gracias a la innovación. Esto es solo un ejemplo de otras muchas empresas que, tras varios fracasos, se han ido levantando cada vez y siguen hoy peleando en lo más alto y con más fuerza.

Yo, como muchos otros profesionales del marketing y la comunicación estratégicos, estamos muy acostumbrados a la incertidumbre, al cambio constante. Es nuestro día a día.

“Nuestra aportación de valor a las pymes reside en buscar oportunidades de negocio donde parece que no existen, en detectar posibles nichos donde competir con éxito, en identificar nuevos productos o servicios que den mejor respuesta a lo que demanda el mercado, en crear estrategias que conecten los intereses cambiantes de los clientes con las posibilidades de cada pyme”.

En definitiva, sin ser magos ni adivinos, creo que lo que realmente hacemos es detectar las vías por las que la empresa puede transitar en tiempos convulsos. Ir siempre un paso por delante de lo que puede pasar en el futuro es solo una de las claves.

Ya sea tu negocio B2C, B2B o B2B2C, de cualquier sector y tamaño, el marketing cuenta con infinidad de herramientas para explorar, detectar y poner en marcha nuevas iniciativas estratégicas para tu negocio. Involucra a tus mejores profesionales en la creación de nuevas ideas y estrategias, no tengas miedo a la tecnología, es tu aliada, suma activos externos que aporten aire fresco y, sobre todo, enfoca tu negocio con optimismo. Siempre habrá clientes, por muchas crisis que pasemos. Siempre hay un camino y una oportunidad, solo hay que querer encontrarlo. Es época de oportunidades.

La historia de PIXAR, el éxito gracias a un fracaso

La historia de PIXAR, el éxito gracias a un fracaso.

En el mundo de las empresas existen muchas historias curiosas que a la vez nos dan interesantes enseñanzas a los que nos dedicamos a la estrategia y el marketing. Detrás de cada organización o marca subyace un relato, a veces desconocido, que nos descubre los intrincados caminos por los que ha discurrido su trayectoria vital y que desemboca en lo que hoy son. Esos caminos muchas veces están llenos de curvas, retrocesos, desvíos, paradas y estrellamientos.

Se suele obviar todo esto cuando la empresa ha llegado a tener éxito, pero vale la pena conocerlo porque podemos aprender mucho acerca de cómo se pueden alcanzar metas importantes a pesar de que existan muchas piedras en el camino. La historia de PIXAR es un ejemplo de cómo una reorientación estratégica a partir de una actividad inicial convierte el núcleo del negocio en algo totalmente diferente.

 

Los inicios: una empresa tecnológica.

John Lasseter y Ed Catmull son los fundadores de PIXAR. Cuando ambos coincidieron a primeros de los años 80 en la división de animación por computadora de Lucas Films (The Graphics Group), John había sido despedido de Disney (ya veréis que luego volverán a encontrarse) y Ed era un ingeniero especializado en ordenadores dedicados a la animación digital.

En Lucas Films, se dedicaron inicialmente al diseño de hardware y software que permitiesen la renderización de imágenes. Al aparato lo llamaron PIXAR, y empezaron a venderlo principalmente a instituciones y empresas junto con un software de renderizado propio. Esta actividad no tuvo el éxito esperado, quizás debido a que era una tecnología tan avanzada que el sector al que se dirigía era muy reducido. De hecho, no se vendieron más de 300 unidades. En esos momentos, The Graphics Group era una mera empresa de tecnología, eso sí, muy novedosa, y Steve Jobs (después de dejar Apple), estaba ya al mando de esta. Y la verdad es que financieramente no acababa de arrancar.

Por aquel entonces -1986- Lasseter, como buen animador que era, probó la tecnología que estaban desarrollando con un corto de animación que hoy ya es un video de culto para los fans de PIXAR. Lasseter lo hizo para demostrar al mercado las posibilidades de la tecnología, pero el efecto fue tan inesperado como exitoso. De hecho, fue nominado a los premios Óscar como “mejor corto animado” en 1987. La popular lamparita Luxo Jr se convertiría además con el tiempo en el icono de la empresa.

(Luxo Jr, 1986. Primer cortometraje de Pixar).

 

Este éxito fue lo que impulsó esta nueva línea de negocio, hasta entonces solo una manera de demostrar la capacidad del software a los clientes potenciales. Durante los años siguientes, ya como empresa independiente de Lucas Films, PIXAR realiza varios cortometrajes más que volvieron a tener una gran acogida, entre ellos Tin Toy, que logró, por fin, el Óscar al mejor corto de animación en 1988.

 

 

Es por esta época cuando la empresa inicia una profunda reorientación de su foco de negocio, se vende la división de tecnología computacional y comienza a despertar el interés de productoras de cine de animación importantes, entre ellas, Walt Disney.

 

El nacimiento de PIXAR como empresa de animación.

La experiencia adquirida por PIXAR en tecnología de animación (CGI) durante muchos años, y la confianza dada por los primeros cortos hacen que por fin de un paso definitivo en su estrategia empresarial y decida centrase en la producción de cine de animación, con la tecnología como base diferenciadora frente a lo que ya existía en el sector (que estaba un paso por detrás y desde luego no se había utilizado en el cine de animación).

Disney apremió a PIXAR para que, sobre la base del corto Tin Toy, elaborara un largometraje nuevo (además de otros dos más de temática diferente). Así se gestó la película Toy Story (1995), que supone la presentación en sociedad de PIXAR por todo lo alto y primera cinta animada en la historia del cine realizada en su totalidad con efectos digitales. El éxito de crítica y público tuvo su refrendo con multitud de premios y reconocimientos.

La reorientación estratégica de PIXAR dio sus frutos debido, sobre todo, a estos factores:

  • Utilización de una ventaja competitiva única (tecnología de animación) en un sector en el que predominaba la animación tradicional.
  • Excelentes historias (guiones) que rompen con los argumentos tradicionales de este tipo de películas y tocan la fibra emocional del espectador. Creatividad al máximo gracias al “Pixar Braintrust”, el grupo donde participan el director, los guionistas y el equipo de producción para proponer las ideas y sugerencias para desarrollar las historias.
  • Ampliación del público objetivo de sus producciones (no solo niños, sino también adultos).
  • Y en especial, empezar de la mano de una empresa como Disney, especializada en cine de animación, de la que aprovechó todo su know-how y sus redes de promoción y distribución de películas.

La suma de todos estos factores impulsó a PIXAR en este nuevo nicho de mercado (cine de animación en 3D para toda la familia) que se consolidó con películas para Disney como Bichos, Monstruos S.A. o Buscando a Nemo. No obstante, PIXAR siguió realizando cortos comerciales para empresas como ayuda para la generación de ingresos.

Pronto las cuentas de PIXAR empezaron a engrosar, tras el éxito de las películas encargadas por Disney a la que se sumó Los Increíbles, estrenada en 2004. Con este bagaje y en menos de diez años, PIXAR había pasado de ser una empresa tecnológica orientada a la venta de hardware y software muy especializado a ser la gran protagonista del cine de entretenimiento. Se había convertido en un apetitoso bocado para el que estuviese dispuesto a pagar por comérselo.

 

2006: Disney adquiere PIXAR.

Y quien mejor situado que Walt Disney para hacerlo. Una de las mejores formas de crecer en un mercado es adquirir los activos de empresas que aporten sinergias complementarias a tu negocio. Es más rápido y barato que desarrollar por tus medios una estrategia competitiva agresiva que erosione a tu competidor. Lo sabía Heinz cuando compró a finales de los años 80 la marca de tomate Orlando, o Procter & Gamble (Ariel…) cuando adquirió Gillette en 2005 por 57000 MM de dólares.

Disney, que conocía de primera mano a PIXAR, vio la oportunidad de su vida, y en 2006 firma la nueva adquisición por 7400 MM de dólares. Steve Jobs se convierte en el mayor accionista individual de Disney (recordemos que Steve compró PIXAR a Lucas Films por solo 10 MM de dólares), y continúan John Lasseter como director creativo y Ed Catmull como presidente de los estudios.

 

Esta jugada estratégica de Disney le permite relanzar su negocio, lastrado por las nuevas producciones con un gran componente digital, y hacer frente a competidores como Dreamworks, que ya había tenido éxitos como Shrek.

La nueva etapa da a luz no solo nuevas películas con guiones novedosos y perfecta factura, sino nuevas líneas de negocio basadas en el merchandising o los videojuegos. El universo PIXAR se expande a todos los rincones.

Además de lograr un nuevo posicionamiento, ahora con Disney llega a más puntos de distribución y cuenta con una mayor capacidad de promoción. Al fin y al cabo… ¿quién no conoce las películas de Walt Disney?

 

Pixar: las claves que la transformaron hacia el éxito.

Como señalaba, todas las historias de empresas encierran lecciones interesantes. Y en el caso de PIXAR, hay varias que son muy ilustrativas.

El arte reta a la tecnología y la tecnología inspira al arte. (John Lasseter)

Como empresa tecnológica avanzada, PIXAR inicialmente dispuso de una gran innovación en sus manos, una tecnología que permitía renderizar imágenes y dotarlas de animación. Algo fuera de lo común en los años 70. Su primera idea fue ofrecerla a empresas que por su actividad pudieran sacarle partido. Y durante su primera etapa puso su objetivo en sectores como el médico o la automoción. El problema era que el mercado era muy reducido, al ser un producto muy especializado. Por otro lado, pocas firmas querían compartir con la competencia la tecnología de PIXAR.

Por necesidades financieras, y sobre todo por el espíritu creativo de Lasseter, empezaron a crear cortos comerciales para diversas compañías, utilizando la misma tecnología con la que iban al mercado de hardware y software. Ese fue el germen del salto a otro sector.

El conocido análisis DAFO tiene como una de las estrategias de negocio derivadas la reorientación, que implica la existencia de ciertas debilidades que deben ser corregidas para aprovechar oportunidades de mercado.

En el caso de PIXAR, se contaba con una gran fortaleza, la tecnología, que no servía para aprovechar oportunidades ocultas en un mercado diferente al que estaban atendiendo. Las debilidades que se debían corregir eran sobre todo de concepto. El producto para vender no era la tecnología, era lo que la tecnología permitía hacer. (Algo parecido a Starbucks, el café no es lo que se vende sino toda la experiencia que rodea al hecho de tomárselo en uno de sus establecimientos). Las posibilidades de la animación generada por ordenador iban más allá de las imágenes para una tomografía o un motor de un automóvil.

Y yo creo que, sin la creatividad de Lasseter, que se empeñó en seguir produciendo cortos, nunca se habría producido la transformación de la empresa. De hecho, los cortos de PIXAR siguen siendo hoy todavía su marca distintiva como productora.

Los elementos que construyen su estrategia de empresa a partir del cambio son siempre los mismos. Una historia con base emocional, aportación de novedades técnicas (innovación), guiones muy cuidados y aptos para todos los públicos y una obsesión casi enfermiza por la calidad de cada producción. Siempre recordaré cuando vi por primera vez Monstruos S.A, los detalles de los pelos de Sully eran increíbles. El perfeccionismo es un signo distintivo de PIXAR, no cabe duda.

 

Y la decisión estratégica final, la adquisición por parte de Disney, que en realidad fue un cambio de acciones, mantiene todo lo anterior y le dota de más recursos para la producción y la distribución de las películas. Además, gana en capacidad de expansión a un público ya fidelizado por Walt Disney. Como se mantienen la marca, el know-how y los equipos, no se pierde la esencia, siendo el mismo PIXAR, pero con más músculo en todos los sentidos.

Pixar no es acerca de las computadoras, es acerca de personas. (John Lasseter)

Tiene razón John Lasseter cuando expresa lo que es PIXAR. He estado reflexionando sobre esta frase y creo entender su significado, no sé si lo compartirás conmigo.

Realmente, PIXAR está constituido por personas que de una manera conjunta conciben y dan forma a cada una de sus creaciones, recuerda la “Pixar Braintrust” que concibieron para lograr construir cada película. La tecnología es la herramienta que luego facilita la producción, pero sin la aportación de las personas, no habría historias que contar.

Por otro lado, PIXAR es acerca de las personas. En todas sus películas tocan aspectos muy profundos del ser humano, como la amistad, la pérdida de un ser querido, el amor, la bondad… Sus películas tratan de los aspectos que nos hacen humanos, por eso consiguen tocar nuestras fibras más sensibles, nos emocionan, aunque estén representados por animales, monstruos o juguetes.

Y, por último, PIXAR también está concebido para las personas, quiere llegar a todos los públicos (a diferencia de la animación tradicional representada por Disney, enfocada en un público infantil). Por eso gusta a tanta gente, porque cuenta historias en las que todos estamos representados.

En definitiva, creo que sí, que el centrarse en las personas tanto en la parte interna de la empresa como en la externa, es una buena manera de definir a PIXAR. Una empresa que lo pasó mal en su momento, pero ha podido reconducir su objetivo estratégico hacia mercados más atractivos sin perder lo que fue su esencia, una tecnología que hoy sigue siendo innovadora y sorprendente.

(John Lasseter y Ed Catmull)

 

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Storytelling El Arte de contar historias en estrategia de marketing y comunicación

Storytelling… ¿Contar historias o cuentos chinos?

Las cosas se ponen de moda de una manera que a veces es difícil de entender. Una nueva técnica o herramienta -aunque realmente no sea novedosa- aparece de repente y se empieza a hablar de ella en todos los canales y medios, extendiéndose de forma explosiva y llegando a todos los rincones. Lo peor, que muchas veces se habla de algo que no se entiende o bien que se entiende mal y que luego se aplica peor.

Una de las que ya lleva bastante tiempo circulando en los ámbitos marketinianos es la técnica del storytelling. El término storytelling no es más que un anglicismo para referirse a narración, al hecho de desarrollar una historia. Como pasa muchas veces, hemos adoptado el término para utilizarlo en nuestras estrategias de comunicación, muchas veces sin comprenderlo bien, por el hecho de que se ha puesto de moda y es tendencia.

Soy consciente de que me pueden llover muchas críticas al redactar este post, no lo niego, pero creo que es importante trasladar lo que significa contar historias en el contexto de una estrategia de marketing y comunicación. Muchas veces nos dejamos llevar por la corriente marketiniana de turno y luego, cuando no se ven resultados, nos preguntamos en qué hemos fallado.

Y no, el storytellig no es nada nuevo. Siempre se han contado historias en el mundo de la comunicación y la publicidad. Ahora se redescubre esta técnica, mejor presentada y aseada, pero las historias han estado presentes en las estrategias de marketing desde siempre. Si no, mira estos anuncios de televisión de turrón “El Almendro” de los años setenta.

 

¿A quién no le gustan las buenas historias?

Necesitamos desesperadamente que nos cuenten historias. Tanto como el comer, porque nos ayudan a organizar la realidad e iluminan el caos de nuestras vidas”. (Paul Auster, escritor y poeta).

Efectivamente, uno de los rasgos de los humanos es la necesidad que tenemos de que nos cuenten historias, algo que descubrimos todos desde muy niños, ¿verdad? Ya sean cuentos, películas, novelas o experiencias ajenas. ¿Por qué es así? Yo creo que, más allá de los condicionantes genéticos como especie, se debe sobre todo a lo que se refiere Paul Auster en la frase anterior. Necesitamos historias que den sentido a nuestra realidad. Una realidad por otra parte bastante inquietante y compleja, difícil de asumir en muchos de los casos. Las historias ordenan las ideas y proporcionan una seguridad y una lógica en aquellos que las escuchan gracias a su estructura, similar a una narración al uso: inicio, planteamiento, desarrollo, clímax y desenlace. Esto nos permite asimilar la realidad y dotarla de racionalidad. Nos ofrece seguridad. Por eso nos gustan.

Mira por ejemplo este magnífico corto de Pixar para las navidades de 2020. En un momento de incertidumbre y de desasosiego, la historia que nos cuenta nos devuelve lo mejor de nosotros, nuestros sentimientos, para recuperar la alegría.

 

¿Te ha gustado? Seguro que ahora entiendes el poder comunicativo que tiene el contar historias, aunque claro, no todos somos Disney.

 

No todo vale a la hora de contar una historia.

El uso del storytelling, como cualquier herramienta o técnica de comunicación, requiere de unas pautas o reglas para que tenga sentido desde el punto de vista del marketing. Son normas o directrices que hay que tener en cuenta antes de lanzarse a ello.

Lo primero es tener muy bien definidos la cultura y los valores que te identifican como empresa. Si no tienes esos valores, no podrás contar una historia coherente, no será creíble y, por tanto, tendrá un efecto contrario al que buscabas. Si no tienes unos valores de empresa, empieza por concretarlos antes de pensar en una comunicación narrativa.

Por ejemplo, todos conocéis Greenpeace, la ONG medioambiental. En su campaña en contra de la deforestación por la tala de árboles para conseguir aceite de palma utiliza la historia de un simpático orangután que ha huido de su hábitat natural porque está siendo destruido. Una historia alineada con los valores que defiende Greenpeace y que por eso es creíble y llega a su público objetivo con mucha fuerza.

Sin embargo, la historia de este spot de Trina no consigue a mi juicio trasmitir ninguna idea, mucho menos emocionarme. ¿Qué pinta un puerro en todo esto? Además, se intenta reflejar a las naranjas como protagonistas de la historia…cuando Trina solo contiene un 4,4 % de zumo de naranja a base de concentrados (según su etiqueta). Tú qué piensas… ¿Es creíble la historia? ¿Trasmite los valores de Trina?

 

La segunda norma que debes seguir en tu estrategia de storytelling es tener en cuenta a quién va dirigida la historia que cuentas. Si no sabes cómo son tus posibles clientes, lo que les emociona y lo que les hace reaccionar, será complicado llegar a ellos con un mensaje que cale. Ten definido antes el perfil de tu público. Es lo que lleva haciendo desde años la prestigiosa marca de relojes Patek Philippe. Tiene perfectamente claro cuál es su cliente y sabe llegar a él de forma directa.

 

Y la tercera regla: no vendas tu producto. El storytelling apela a las emociones, no a la racionalidad. Cuenta una historia que invite a soñar o a reflexionar sobre valores o sentimientos. El objetivo es unir el mensaje de la historia con tus valores de empresa y con el inconsciente de los receptores. La firma de licores Ruavieja cuenta una historia sobre sí misma, pero no te vende su producto, sino lo que son como marca y lo que representa en nuestras vidas. Nos hace partícipes de su propia historia.

 

El peligro del Storytelling.

Aun teniendo en cuenta las reglas básicas previas para acometer una estrategia basada en contar historias, siempre podemos caer en la reiteración de argumentos y repetir una y otra vez lo mismo. Es lo que ha pasado, según mi criterio, con los anuncios de navidad de Loterías. A pesar de que cada año parece que es diferente, en realidad es siempre el mismo mensaje, o la misma historia contada con otros protagonistas. Y lo mismo ha pasado con otras marcas, que quemaron muy pronto su inicial y original historia. Todos conocemos las historias que nos cuentan casi todas las bodegas acerca de sus orígenes, sus abuelos emprendedores, su evolución… Y hoy tenemos historias iguales o similares que no se diferencian unas de otras, salvo por la marca. Mal asunto.

También se están lanzando al storytelling muchas empresas contando historias que ni las representan, ni interesan lo más mínimo a aquellos a los que supuestamente van dirigidas. Como siempre, si no hay una estrategia detrás, el resultado no puede ser el deseado. No cuentes nada por contar, piensa antes si lo que vas a relatar tiene sentido (en relación con lo que eres como organización) y si le interesa a tu público. No te lances sin red.

Últimamente, debido al uso masivo del storytelling, ya se está hablando de su evolución, el storydoing, que tampoco es nada nuevo. Se trata de pasar de contar algo a que el destinatario experimente algo, que sea protagonista de la historia de manera real, física. ¿Te suena el marketing de experiencias? Me pregunto si ya está en marcha el storytelling 3.0… Seguro que a alguien ya se le habrá ocurrido algo.

En definitiva, ya que has visto que el storytelling no es nada nuevo, quizás sea más importante que tu discurso comunicativo sea eficaz. Puedes aplicar las mismas reglas del storytelling y tendrás una comunicación coherente en cualquier canal que utilices, desde las RRSS a una nota de prensa. Desde un anuncio a un stand ferial. Y creo que esta es la clave, tener ese discurso narrativo bien trabajado. A partir de ahí lo pues moldear en formato historia, experiencia de cliente o lo que se te ocurra, siempre que seas coherente con tus valores y entiendas a quién te diriges.

Y si piensas que contar buenas historias está solo al alcance de las grandes firmas, te invito a que veas este video de la empresa Pelute Sport de Arnedo (La Rioja). Un taller de automóviles que, con solo una rueda como hilo conductor de la historia, consigue enlazar una narrativa totalmente coherente y que ha conseguido un impacto muy positivo en todos los arnedanos que lo han podido disfrutar. ¿Qué te parece?

 

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Lo que esperan los clientes de las empresas

Lo que esperan los consumidores…

Una de las reglas básicas de cualquier manual de marketing es “conoce a tu público objetivo”. Parece ser una obviedad y, de hecho, en las encuestas que se realizan a los directores generales, comerciales y de marketing a la pregunta ¿conoce usted el perfil de sus clientes?, la inmensa mayoría responde con un “sí” rotundo.

Y no, no es que los directivos quieran mentir a los encuestadores. Lo cierto es que están convencidos de que realmente saben quiénes son sus clientes, cómo se comportan y cuál es la mejor manera de satisfacerlos. No seré yo el que los contradiga. Quizás muchos de estos profesionales tengan estas certezas acerca del perfil de su público objetivo, bien por el análisis de su cartera de clientes, por la experiencia de la empresa a lo largo de los años o sencillamente por los resultados de las ventas. Otros en cambio, desconocen realmente a donde deberían apuntar sus esfuerzos comerciales y de marketing.

El hecho de que una empresa exitosa lleve muchos años disfrutando de una cartera de clientes estable o creciente no significa que con ello esté en la posición óptima en la que puede estar. De hecho, hay al menos tres factores que hacen que esta supuesta estabilidad no lo sea en realidad:

Los clientes envejecen, como cualquiera de nosotros. Y con ese paso del tiempo, sus necesidades cambian. Podríamos decir que cada cliente tiene su ciclo de vida, o de comportamiento respecto a nuestra empresa. Si el cliente cambia y la empresa no, empezarán los problemas.

Cada día se incorporan al mercado nuevos clientes que a su vez demandan nuevas necesidades. Ayer eran los milennials, hoy la generación Z, ¿y mañana? Si no estamos atentos a los cambios en los perfiles de los consumidores, poco a poco dejaremos de ser útiles para ellos.

Y, por supuesto, está la competencia. El mercado también cambia constantemente. Entran nuevos competidores, salen otros, llegan innovaciones técnicas… Todo esto hace que los clientes sean más proclives a cambiar de proveedor. Las fidelidades eternas ya casi no existen y hay que ganarse a cada cliente todos los días.

Estos tres factores demuestran que conocer realmente a tu cliente es una labor que hay que realizar permanentemente, a lo largo del tiempo. Nunca debemos dar por supuesto que ya conocemos a nuestro público objetivo. Ponerlo siempre en revisión es una obligación que nos debemos imponer en nuestra reflexión estratégica.

 

Los clientes no nos exigen ser perfectos.

A pesar de lo que muchos puedan creer, la mayor parte de las personas no exigimos nunca la perfección en ningún ámbito de la vida. Todos somos falibles. Pero, sin embargo, muchas veces se piensa que cuando competimos en el mercado se nos va a exigir algo muy próximo a la perfección. Y no es realmente así, básicamente porque ningún empresario es un superhombre ni ninguna empresa es inmejorable. Y como esto es así, ningún consumidor podrá exigirnos la máxima excelencia, cosa que por otra parte no existe.

Entonces… ¿qué nos va a exigir el cliente?

Lo primero que un cliente valorará es la adaptación de nuestra oferta a sus necesidades específicas, en términos de utilidad, precio o plazo de entrega. Este primer filtro solo se supera si generamos la confianza en nuestra marca y organización, una confianza que se va construyendo durante el tiempo y que solo se consigue cuando hemos cumplido con la promesa que hacemos al mercado.

No se trata pues de decir, por ejemplo, “somos los mejores” o “tenemos el producto más avanzado”. Estas promesas son en si mismas inalcanzables, lo que se traduce en poca credibilidad en el mercado. Son palabras huecas que generarán una mayor desconfianza en la empresa.

Pero si la empresa se ciñe a lo que realmente puede ofrecer, informando previamente al cliente, está en condiciones de garantizar un 100 % de cumplimiento de su promesa si hace bien las cosas. Conclusión, la empresa tiene que saber hasta donde puede llegar en su compromiso con el cliente y comunicarlo al mercado, teniendo muy presente que no nos pedirán ser los mejores, pero sí que cumplamos con lo que decimos.

En este punto, quiero comentar algo que suele pasar desapercibido a la hora de presentar nuestra propuesta al mercado. ¿Qué está llegando realmente al cliente? ¿Lo que creemos que le ofrecemos o lo que el cliente interpreta?

Kate Zabriskie, consultora de empresas y experta en coaching empresarial para grandes firmas internacionales, opina que “La percepción del cliente es su realidad”. Esta profesional da en el clavo con una de las principales barreras que se interponen en la comunicación empresarial y que supone muchos quebraderos de cabeza a los profesionales de marketing. Cuando hacemos llegar nuestra oferta al mercado, como dice Kate, lo que realmente cuenta es cómo los clientes la perciben y la interpretan y no cómo creemos que lo estamos trasmitiendo. Tenemos que pensar en la mentalidad del cliente y ponernos en su lugar a la hora de interpretar esta comunicación. Si no hacemos esta comprobación, los clientes se sentirán defraudados, no porque nuestra promesa no se haya cumplido, sino porque no se ha comunicado bien.

Por consiguiente, tan importante es cumplir con las expectativas que hemos generado en nuestro público objetivo, como saber si éste lo ha comprendido e interpretado correctamente. Para saber si lo estamos haciendo bien existen muchas técnicas, como las encuestas, los paneles de clientes o la “voz del cliente”, herramientas muy útiles que permiten saber cómo llega al mercado nuestra marca.

 

¿Y si las cosas van mal?

Si somos capaces de proponer una promesa de marca atractiva, que cumpla con lo que el consumidor espera y la comunicamos bien, tenemos ya una buena parte del camino recorrido, pero falta una pieza importante que hay que tener en cuenta para que las expectativas del cliente no se sientan defraudadas. Me refiero al servicio.

Si todo va bien, el producto cumple con la necesidad y la entrega es correcta, el cliente estará satisfecho. Habremos conseguido el objetivo.

Pero muchas veces, por diversos motivos, lo que realmente percibe el cliente es algo muy diferente de lo que esperaba. Aunque sea una apreciación subjetiva, este hecho provoca inmediatamente una reacción negativa. Es el momento de las llamadas a “atención al cliente”, las reclamaciones y los problemas para la empresa.

El servicio cada vez es más importante en la consecución de la satisfacción del cliente. Y no solo entendido como servicio postventa, sino en todo el ciclo de venta, desde el pedido hasta la entrega. Un buen producto, e incluso una buena comunicación empresarial pueden ser ineficaces si la atención al cliente se descuida.

Muchos estudios que se han realizado ponen de manifiesto que una de las cosas que generan más insatisfacción en los consumidores es la “poca o nula atención que les dispensa la empresa cuando tienen un problema”. Y aquí radica uno de los puntos clave que explican lo que realmente esperan de las empresas los consumidores, que les atiendan y que les resuelvan sus problemas. Una obviedad que, sin embargo, es una carencia bastante generalizada en las pymes españolas. Emails que no se contestan rápido, robots que atienden incidencias, esperas en el teléfono, problemas al gestionar un pedido online, política de devoluciones confusa, redes sociales que no se atienden…, la lista sería interminable.

Para atender correctamente al cliente y resolver su problema en tiempo y forma no hay otra manera que establecer un protocolo. La mejor manera es plasmar de forma gráfica el “viaje del cliente” cuando contacta con nosotros para un posible pedido. Desde la necesidad inicial a la entrega y posterior seguimiento. En cada una de las etapas, el cliente interactúa con la empresa, y en cada interacción tenemos que prever qué posibles actuaciones puede realizar la persona y cómo va a responder nuestra empresa. Con el foco puesto en “atender al cliente y resolver su problema” hay que definir con qué herramientas vamos a actuar para conseguirlo. Y marcar unos objetivos.

Un ejemplo es a la hora de realizar un pedido online. Normalmente, este proceso no debería dar problemas, pero aun así se producen. Una manera de evitarlos es ofrecer un chat online que facilite el proceso o bien un teléfono gratuito para incidencias. Enviar una confirmación de “pedido correcto” también es necesario.

A la hora de establecer objetivos de servicio, por ejemplo, se puede fijar un plazo máximo de resolución de incidencias (24 o 48 horas, por ejemplo) o un tiempo máximo para esperas telefónicas. Es fundamental ser rigurosos con estas “promesas” porque nos están obligando frente al cliente.

En resumen, plasma en un gráfico todo el recorrido de tu cliente en relación con tu empresa, señala los “puntos de dolor” del cliente (los aspectos que más problemas o inquietudes le puede crear), y establece un protocolo para que se sienta lo más cómodo posible en su relación contigo.

Si lo haces bien, tendrás un cliente contento y feliz. Hablará de ti a otros posibles clientes y será el mejor embajador de tu marca.

Y, sobre todo, no te compliques con buscar una perfección que nunca lograrás. Haz bien las cosas y atiende las necesidades de tu cliente como si tu fueses uno más.

 

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Pirámide de Maslow Comportamiento del Consumidor

Pirámide del Comportamiento del Consumidor (inspirada en Maslow).

La famosa pirámide de Maslow, muy citada cuando se habla del comportamiento de las personas a la hora de satisfacer sus necesidades, explica de manera gráfica como se priorizan estas según el nivel de cobertura alcanzado en cada escalón.

(Imagen: J. Finkelstein, traducido por Mikel Salazar González ¡¡¡????., CC BY-SA 3.0 via Wikimedia Commons).

El primer nivel corresponde a las necesidades básicas que cualquier persona, en tanto en cuanto es un animal, requiere cubrir para seguir viva. Necesidades vitales como comer, descansar o resguardarse de las inclemencias del tiempo.

Si hemos satisfecho convenientemente el primer nivel de necesidades, subimos un peldaño nuestras exigencias y llegamos a un segundo nivel, donde se encuentra la búsqueda de la seguridad. Como otros animales, deseamos ante todo nuestra supervivencia. Para ello, establecemos estrategias que consigan que nuestra existencia sea lo más estable y duradera posible, tanto en lo personal como en lo profesional.

Conseguida una seguridad aceptable (pues es cierto que nunca lograremos una seguridad total), las personas ambicionamos lo que se llama “pertenencia al grupo”. Sentirnos parte importante y activa de una comunidad o de un núcleo familiar refuerza nuestra autoestima y nos refuerza como parte útil para el colectivo (o para la pareja). Llegamos a la Afiliación. La amistad o el amor son algunas de sus expresiones.

El cuarto nivel corresponde a las necesidades de reconocimiento. No estamos satisfechos solo con pertenecer a un grupo, buscamos la gratitud por parte de los demás, que nos expresen que nuestra existencia aporta un beneficio tangible para ellos. En mayor o menor medida, aunque no lo reconozcamos, todos buscamos el éxito en cualquier faceta de nuestras vidas.

La pirámide alcanza su cima con la aurorrealización, que es la búsqueda y consecución del desarrollo pleno de todas nuestras potencialidades como personas. La necesidad de trascendencia, de encontrar un sentido a nuestra existencia, se traduce en lograr el máximo de nuestras capacidades, especialmente emocionales y espirituales. Tener una vida plena se convierte en el objetivo último del ser humano, alejado ya de las necesidades puramente animales y con vocación de perdurar una vez dejemos este mundo.

Lo más importante que nos expresa la pirámide de Maslow es la evolución natural de las personas según van alcanzando niveles más altos de autoexigencias. Siendo el objetivo final lograr un desarrollo lo más completo posible de nuestras capacidades, ello no es posible si no satisfacemos antes las necesidades anteriores. Para escalar en la pirámide hay que ir paso a paso. Por el contrario, si no alcanzamos el nivel superior de la pirámide, o nos quedamos estancados en algún escalón inferior, la frustración y la desilusión harán de nosotros unas personas incompletas. No viviremos una vida plena y satisfactoria.

 

La pirámide del comportamiento del consumidor (inspirada en Maslow).

 

Podemos hacer un símil de la pirámide de Maslow construyendo otra pirámide que, en vez de ordenar los distintos niveles de necesidades humanas, clasifique las etapas que atraviesa un consumidor a la hora de tomar una decisión de compra.

Tengo que advertir que esta ordenación es elaboración propia, y que por tanto podrás o no estar de acuerdo con ella. Yo pienso que se acerca bastante a la realidad, y que es fácil contrastarla observando como actuamos todos -como consumidores- a la hora de tomar decisiones. Algunos de estos comportamientos serán conscientes y otros inconscientes, pero creo que, en general, reflejan bastante bien el fenómeno.

El primer nivel que aborda el consumidor cuando se encuentra en la necesidad de tomar una decisión de compra es el más básico (al igual que ocurre con Maslow). Le he denominado “Utilidad”. En esta primera fase, únicamente se busca que el producto, servicio o proveedor cumpla con la función para la que lo estoy buscando. Es decir, sirva para lo que necesito. Una botella de agua para calmar la sed, unas ruedas nuevas para el automóvil que tengan agarre, un abrigo que me proteja del frío o un envase que guarde los productos que fabrico. No exigimos más.

Si este primer nivel es satisfecho, como consumidores podemos demandar otros requisitos. El segundo escalón es el de la “Conveniencia”. La conveniencia indica que además de ser útil, el producto o servicio debe adaptarse a mis necesidades particulares. Por ejemplo, un precio adecuado, unas características físicas concretas (color, aspecto, tamaño, textura…) o una mayor o menor facilidad de uso.

Ya tenemos un producto útil y conveniente. ¿Es suficiente? Para muchas personas, quizás sí. Hay muchos productos que se compran de forma impulsiva y no pasan de este nivel en la pirámide, incluso no cumplen con el primer escalón. Las decisiones no tienen que ser útiles ni convenientes, por eso son impulsivas, sin reflexión.

Pero si nos encontramos con una compra o adquisición racional, el consumidor, cada vez más exigente, reclamará nuevas demandas.

El tercer nivel lo he denominado “Disponibilidad”. Se trata de que lo que buscamos esté disponible en mi zona en un plazo lo más corto posible. En la actualidad, los plazos de entrega se han acortado enormemente respecto a no hace demasiados años. Hoy, un consumidor final, y no digamos una empresa, necesitan una entrega rápida y completa. El factor tiempo se ha convertido en un elemento diferencial a la hora de seleccionar un proveedor, un hecho que las nuevas plataformas de venta online han impulsado en los últimos tiempos.

Pero todavía no es suficiente para muchos consumidores. Un producto adecuado es aquel que no genera luego problemas o incidencias. Una cosa es lo que se promete y otra lo que se cumple de forma efectiva. Las personas buscamos marcas o empresas que tengan una trayectoria de calidad y servicio contrastados, firmas que generen confianza, que en el caso de que existan inconvenientes, estos se resuelvan de forma rápida y satisfactoria. Buscamos “Seguridad”, el cuarto nivel en la pirámide del comportamiento del consumidor.

Llegados a este punto, gran parte de las personas habrán escalado a un nivel suficiente para tomar una decisión de compra, quizás la mayoría. Pero hay un último nivel, cada vez más relevante en nuestra sociedad, que está condicionando muchas de las decisiones finales del consumidor. Le he llamado “Compromiso”.

Bajo el concepto de Compromiso, englobo aspectos no directamente relacionados con el producto o servicio, pero sí con la pyme que los ofrece. Me refiero a conceptos como la lucha contra el cambio climático, el respeto por la diversidad, la concienciación con el medioambiente, la igualdad o la acción social. La irrupción de las nuevas generaciones ha acelerado un proceso que ya estaba en marcha hace tiempo, como es el del compromiso de las organizaciones con la mejora de la sociedad a través de acciones específicas. Las firmas más grandes ya establecen un compromiso corporativo en esta línea y está integrado en su estrategia de marketing y comunicación, como por ejemplo Nestlé o Iberdrola.

El consumidor actual no solo quiere productos útiles, convenientes, disponibles y confiables. Ahora además exige que las empresas que los producen sean socialmente responsables. Una tendencia al alza, como refleja un estudio realizado por OCU y NESI donde se concluía que “El 73% de los españoles ya toma decisiones de consumo por motivos éticos o sostenibilidad”.

 

La pirámide del comportamiento del consumidor y el marketing.

Es fácil conectar los diferentes niveles de la pirámide del consumidor con las posibles estrategias de marketing y comunicación. Descartando aquellas decisiones que son irreflexivas por su naturaleza, podemos correlacionar ambas cosas.

Los dos primeros niveles (Utilidad y Conveniencia) tienen que ver con el diseño del producto o servicio. En estos primeros estadios es necesario un buen conocimiento del mercado al que nos dirigimos, el segmento de potenciales clientes y la competencia. La adaptación de nuestra oferta a todo ello es el primer paso para que el consumidor nos tenga en cuenta en sus decisiones.

A partir del tercer escalón empiezan a tener presencia elementos más diferenciales y que impactan más en la toma de decisiones. La Disponibilidad obliga a tener una logística optimizada que permita entregas en un plazo muy corto. Entregar en 48 horas en vez de 24 horas puede significar la diferencia entre que elijan una empresa u otra en un momento dado. Y como elemento de marketing tiene mucha fuerza.

El cuarto nivel, una vez superados los tres primeros, implica un mayor nivel de exigencia en las pymes. Conseguir ser una empresa fiable y segura para el potencial cliente es un reto, y ser percibidos como tal más aún. Aspirar a este nivel debería estar entre los principales objetivos de cualquier organización. Hoy, ningún cliente se arriesga a adquirir productos a firmas desconocidas, que no le generen confianza o que su reputación no se conozca o no esté contrastada. Y esto afecta a toda la cadena de valor de la organización.

La utilización de la seguridad en nuestra empresa como herramienta de marketing solo será efectiva si realmente somos fiables. Por eso el primer paso es ganarse cada día la confianza de los clientes, y abordar el concepto de empresa segura de forma global, implicando en ello a toda la organización. Por supuesto, también en el mundo digital tenemos que generar confianza. Atención a las políticas de entrega/devolución y formas de pago. Y también a las reseñas de nuestros clientes, un altavoz de referencia para los nuevos usuarios.

Y llegamos a la cúspide de la pirámide. Aquí es donde el potencial cliente examinará el papel que nuestra empresa juega en la sociedad, más allá de ser muy buena en lo que es su actividad. ¿Es una empresa que recicla? ¿Desarrolla programas para proteger el medioambiente? ¿Utiliza plásticos? ¿Hace algo por los grupos sociales más desfavorecidos? ¿Qué política de contrataciones realiza? En definitiva, el cliente se preguntará si somos una firma socialmente responsable y activa o somos una más en el mercado. Y no, no es una anécdota. Al llegar a este nivel, la decisión final puede depender de cómo se comporte nuestra pyme en la sociedad. ¿Activa? ¿Pasiva? ¿Neutra?

Los directores generales y los responsables de marketing y comunicación harán bien en tener en cuenta esta última perspectiva si quieren conquistar al cliente actual.

Como he mencionado más arriba, este ejercicio conceptual basado en la pirámide de Maslow tiene la virtud de señalar las etapas por las que atraviesa una posible decisión de compra de una persona. Ya he comentado que podrán existir otras motivaciones e incluso falte algún escalón más, pero en esencia, la mayoría de las veces estarán presentes estas cinco fases.

Y es importante señalar que de nada vale que como empresa te saltes un nivel y pases directamente a otro superior. Si inviertes en políticas de responsabilidad social, pero eres incapaz de entregar un pedido a tiempo, estarás perdiendo tu inversión. Igualmente, dará igual que seas la empresa más segura del mundo si tus productos están fuera de mercado por precio o por no adaptarse a las necesidades reales de los clientes.

La pirámide, si algo nos enseña, como una escalera, es que hay que escalarla peldaño a peldaño. Hay que asentar y consolidar cada nivel antes de seguir adelante. Y, por supuesto, alinear toda la estrategia de marketing y comunicación con los niveles que se vayan alcanzando. Es una carrera de fondo, más o menos larga, con el cliente como meta y premio final.

 

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Checklist para realizar un plan de marketing y comunicacion

Checklist antes de iniciar tu estrategia de marketing en 2021

2021 será un año crucial, importante y quizás decisivo para muchas pymes. El año que hemos dejado ha sido imprevisible y ha descolocado muchas de las estrategias que las empresas tenían planificadas con anterioridad. Muchos presupuestos dejaron de repente de tener sentido y hemos vuelto a un prehistórico e inadecuado cortoplacismo debido a la falta de una visión clara de la tendencia del mercado a medio plazo.

Pero, aunque actuar por impulsos puede ser necesario en tiempos de incertidumbre, no deja de ser una mala estrategia para construir -o reconstruir- una empresa sólida con miras más allá del mes o del trimestre siguiente.

En el año que acabamos de iniciar tendremos que asentar los principios fundamentales por los que se regirá la estrategia empresarial y poner en marcha en el mercado las actuaciones que logren alinearse con ellos. Tener una visión más amplia de lo que somos y lo que podemos aportar al sector, aprender de las duras lecciones recibidas en 2020 y, sobre todo, no tener miedo.

Te propongo una manera sencilla y rápida para que puedas verificar si tu organización está preparada para poner en marcha un plan de marketing y comunicación en 2021 efectivo o, por el contrario, existen algunos puntos que debes revisar o modificar previamente. Esta es mi lista de control, que no es ni la más completa ni posiblemente la mejor, pero creo que cumple bastante bien con su objetivo.

 

Checklist de Marketing y Comunicación.

La lista de comprobación está compuesta de afirmaciones sobre diversos aspectos de tu organización. Normalmente se pone un “OK” en cada ítem en los que nuestra empresa cumple con lo que expresa. En caso contrario, un “No OK”. Al acabar, se realiza un conteo de los resultados. ¡Comenzamos!

 

  1. Dispongo de un departamento de marketing y comunicación o bien lo tengo externalizado con una empres
  2. He realizado anteriormente algún plan de marketing y comunicación.
  3. Suelo dedicar cada año un presupuesto específico para marketing y comunicación.
  4. Todo el equipo de mi organización entiende lo que es el marketing y la comunicación y participan de vez en cuando con ideas y sugerencias.
  5. Tengo información completa del perfil de mi cliente objetivo y lo actualizo de forma regular.
  6. Conozco el mercado en el que compito y analizo información periódica sobre los cambios que se producen.
  7. Sé quién es mi competencia, sus puntos fuertes y sus debilidades.
  8. Tengo definido el valor que aporto al mercado.
  9. Dispongo de elementos diferenciales respecto a la competencia y estos son valorados por el mercado.
  10. Tengo una marca reconocida en el sector.
  11. Exploro las futuras necesidades de los clientes e intento adelantarme a ellas.
  12. Es fácil para mis clientes objetivo encontrar a mi empresa y contactar con ella.
  13. El precio no es el factor que más influye en la decisión de compra de mis productos.
  14. Conozco y colaboro con los medios de comunicación sectoriales más relevantes de mi mercado.
  15. Difundo notas de prensa de forma regular.
  16. Tengo una página web corporativa moderna, actualizada e interactiva.
  17. Mantengo un blog de empresa que actualizo de forma periódica.
  18. Dispongo de la posibilidad de venta online.
  19. Utilizo las redes sociales más adaptadas a mi sector y clientes.
  20. Realizo diversas acciones de marketing digital midiendo sus resultados.
  21. Tengo un sistema de gestión de clientes (CRM).
  22. El porcentaje de retención de clientes supera el 90 %.
  23. Apenas tengo reclamaciones o incidencias posteriores a la venta.
  24. Existe un plan de fidelización.
  25. Tengo al cliente en el centro de mis decisiones estratégicas.
  26. Hay unos objetivos claros y medibles que todos conocen.
  27. Realizo acciones a corto plazo, pero tengo una idea de empresa en el largo plazo.
  28. Muchas veces nos contactan empresas recomendadas por clientes actuales.
  29. Reviso mi modelo de negocio al menos una vez al año y pido una opinión experta y externa a la organización.

Resultados. ¿Está mi empresa preparada para iniciar un plan de marketing?

No es fácil tener un 100 % de respuestas “OK” a la lista anterior, pero si es así, ¡enhorabuena! Tienes todo a punto para elaborar una estrategia de marketing para este año con muchas posibilidades de éxito.

Pero lo normal es tener varios ítems no conformes. No te preocupes, es lo habitual en cualquier empresa, son 29 puntos para chequear.

Si tienes un máximo de cinco “No OK”, tu empresa está casi lista para desarrollar una estrategia de marketing, aunque deberás preguntarte qué te falta. No es lo mismo no cumplir con He realizado anteriormente algún plan de marketing y comunicación, que con Mantengo un blog de empresa que actualizo de forma periódica. En el primer caso, partirás casi de cero, y es fundamental iniciarte en la estrategia de marketing con toda la ayuda posible. En el caso de no disponer de un blog, puede ser evitable, aunque siempre viene bien como refuerzo.

Entre cinco y quince “No OK” decididamente tienes que poner tu empresa a revisión, más cuanto más cerca estés del quince. La lista de comprobación nos dice que existen lagunas o déficits importantes que hay que tratar antes de lanzarte al mundo del marketing. Es un proceso necesario, como cuando revisas tu coche antes de irte de vacaciones o cuando te realizas una revisión médica completa. Tendrás que valorar, como en los ejemplos anteriores, el grado de importancia de los no conformes y subsanar al menos aquellos que tienen menos impacto en una estrategia de marketing y comunicación.

Por encima de quince “No OK” entras en la zona de alerta. Tu empresa tiene que corregir diversos aspectos clave que afectan a un plan de marketing y que son previos al inicio de este. Tendrás que armarte de paciencia e ir subsanando cada punto (los más críticos en especial) para que la orientación al marketing y al cliente entren en tu estrategia empresarial. Si es este tu caso, te recomiendo la ayuda externa de una empresa especialista. Siempre será más fácil y eficiente que solo con medios propios, más aún si el marketing es una “novedad” en tu organización.

 

Te habrás dado cuenta de que la lista de comprobación incluye diversas áreas: experiencia en el área de marketing, recursos disponibles, acceso a información externa, disponibilidad de recursos, uso de canales online y offline, valor de la marca, objetivos, fidelización… Como he señalado, hay ítems más importantes que otros, pero todos juegan su papel a la hora de poner en marcha la estrategia de marketing.

Un ejemplo de que todo es importante es que en realidad se trata de una cadena de valor, en la que cada pieza se une a la siguiente creando un todo. Lo que llega al mercado finalmente es una imagen de empresa global que abarca todos sus diferentes aspectos. Y si un eslabón de la cadena falla, el conjunto de la empresa se resiente.

Si, por ejemplo, ofreces un gran producto diferencial con buena imagen de marca y con mucha presencia en los canales, pero fallas en la gestión de incidencias, a la larga tu organización saldrá perjudicada y dejarás de tener la confianza del cliente, dejarás de vender.

Por eso es fundamental tener esa visión global de tu organización. Todos los ítems son un objetivo de mejora, aunque se prioricen. Empieza por los más críticos y sigue adelante con el resto, es una carrera de fondo.

Cuando estamos todos con la esperanza puesta en este nuevo año, no pienses en lo que pueda pasar y cómo afectará a tu empresa. Comienza por realizar esta ITV marketiniana e inicia tu propio camino marcándote tus propios objetivos. Mira más allá del corto plazo y, sobre todo, no tengas miedo.

 

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(Créditos imagen de portada: <a href=’https://www.freepik.es/vectors/coche’>Vector de Coche creado por freepik – www.freepik.es</a>)

El renacer de una marca de aftershave para hombres

El aftershave para hombres que conquistó a las mujeres.

Hay grandes y curiosas anécdotas en el mundo del marketing y de las marcas de las que sin embargo se pueden extraer lecciones muy útiles. Los que ya tenéis algunos años, quizás recordéis una marca de productos de perfumería para hombres llamada Old Spice. En concreto, era el aftershave su producto estrella.

La firma Old Spice nació en Estados Unidos em 1934 y fabricados por Shulton Company, empresa fundada por William Lightfoot Schultz. Curiosamente, los primeros productos que lanzó esta compañía en 1937 iban dirigidos a las mujeres, aunque ya al año siguiente empezaron a fabricar una línea para hombres compuesta de jabón de afeitar y aftershave.

La evolución que ha tenido la marca desde entonces nos ha dejado alguna que otra historia curiosa que seguro te sorprende, más aún si has conocido la época más gloriosa para este producto en España durante la década de los setenta, ochenta y noventa del pasado siglo. En aquellos tiempos, el icónico envase de Old Spice en forma de boya náutica era perfectamente reconocible en cualquier estantería.

El enfoque de su fundador, en términos de público objetivo al que dirigirse era lógicamente los hombres, pero no cualquier hombre. Querían posicionar su producto en un estilo masculino aventurero, atrevido, dinámico y audaz. Y pensaron en los marineros, personas recias que vivían en constante aventura sus interminables temporadas a bordo de barcos. La identificación del perfil surtió efecto y de hecho, durante la segunda guerra mundial fue un artículo que estaba presente en los petates de muchos soldados americanos.

 

 

(Publicidad Old Spice , 1968).

Tras la guerra, la marca siguió identificándose con el mundo marinero, de hecho, utilizó imágenes de barcos famosos en sus envases, algo que llega incluso hasta hoy en día. Para ganar mercado, además de ampliar su gama de productos con colonias y desodorantes, tuvo que suavizar la imagen ruda de hombre del mar con el que se identificaban muchos de sus clientes. En las posteriores campañas ya no se hablaba solo de aguerridos marinos, sino que se utilizan imágenes de capitanes de yates o patrones de embarcaciones de recreo, eso sí, muy muy masculinas.

 

La marca de hace vieja…

La exaltación de la virilidad con mayor o menor grado de rudeza siguió siendo una constante en la estrategia de marketing y comunicación de la marca en los siguientes años, hasta que la marca empezó a sufrir el cansancio del mercado. La sociedad estaba cambiando en la década de 1980, y había una nueva generación con nuevos valores y que identificaban Old Spice con “la marca de sus abuelos”. Primera lección de marketing, si el mercado está cambiando, es hora de que replantees tu propuesta de valor.

(Anuncio de Old Spice, 1980).

Y no solo era que estaban cambiando los gustos y los valores de la nueva generación masculina, es que los comportamientos de compra también se estaban modificando. En 1990 la marca fue adquirida por la multinacional Procter & Gamble, propietaria, entre otras marcas, de Guillete, Fairy o Duracell. Una organización con una visión de marketing acreditada y moderna que planteó un giro radical en su estrategia de marketing y comunicación.

 

Un giro radical en comunicación, sin perder la esencia.

La agencia Wieden & Kennedy se dio cuenta de algo en lo que no habían reparado los propietarios de la empresa: más del 60 % de las compras de productos de perfumería masculinos las hacían o decidían las mujeres. Un dato que hizo que empezaran a cambiar las cosas en Old Spice. Segunda moraleja marketiniana con la que debemos quedarnos: el comportamiento del consumidor es clave para entender quién es realmente nuestro cliente objetivo. Y este comportamiento, además, cambia en el tiempo.

Llegar a un público femenino era ahora el reto, tanto para la agencia como para la marca. ¿Habría que destacar elementos masculinos? ¿Tendrían que replantear los aspectos que caracterizaban a Old Spice, audacia, aventura…? ¿Habría que centrarse más en el pensamiento femenino? Preguntas clave que seguro estuvieron en la mesa de los estrategas de marketing en aquellos días.

Y, tras mucha reflexión teniendo en cuenta tanto los cambios culturales, como también que había ya en ciernes una generación nueva denominada Millennials, que tenía un perfil muy distinto, reposicionaron la marcacon un nuevo mensaje…y nuevos canales.

El resultado tomó forma en una campaña, no en cadenas de televisión, que era lo habitual en su sector, sino a través de redes sociales y YouTube. Se contrató a Isaiah Mustafa, un actor estadounidense y exjugador de fútbol americano para que fuera la imagen de los nuevos anuncios.

Los mensajes elegidos se dirigían a las mujeres, no a los hombres, y les retaba con frases como “¿Que tal cielo? Mira a tú hombre, ahora mírame a mí, ahora a tu hombre, ahora mírame a mí…” o ¿Dónde estás? En un barco con un hombre que podría oler como tu hombre”. Mensajes directos con cierta carga erótica que no abandona su carácter masculino, pero transformándolos de forma divertida y dirigiéndolos a las parejas de los posibles usuarios de Old Spice. Mira…

(Anuncio de Old Spice con Isaiah Mustafa (2010). Campaña de la agencia Wieden & Kennedy).

Hay que destacar que, aunque se busca una diferenciación de producto frente a la competencia (se alude a “olor a flores” de otras marcas) la fuerza está en el personaje y en un lenguaje directo y cómico. El impacto de la campaña superó las expectativas de los responsables de marketing. Muchos no entendían realmente el anuncio, parecía incluso que no tenía sentido o que era una broma, pero se viralizó de tal forma que alcanzó un altísimo nivel de visibilidad y popularidad. Y hasta ganó un premio en Cannes ese año.

Tercera enseñanza marketiniana: utilizar el humor en tu comunicación sin perder tu esencia de marca te ayudará a conectar mejor con tu público objetivo. Reírse de sí mismo y de los tópicos de tu marca puede jugar a tu favor si lo haces bien.

El éxito obtenido llevó a la marca a realizar más anuncios en la misma línea, añadiendo al también actor y exjugador de fútbol americano Terry Crews en su nómina de imagen de marca.

 

Nunca es tarde para reorientar tu estrategia de marketing

Más allá de la gracia y éxito que haya podido causar esta campaña está sin embargo el hecho de que la marca Old Spice es ahora un icono de la modernidad. Ha relanzado su imagen, actualizándola y, sobre todo, vendiendo más que antes. No es que haya abandonado sus elementos distintivos -sigue predominando el mensaje de que es muy varonil- pero los ha reorientado de otra forma, hacia otro público y utilizando las nuevas tecnologías como aliadas.

La actualización de la marca se expandió a todos los soportes, desde los envases hasta la publicidad en prensa y online. Yo me quedo con su página web en español.

 

Una página interactiva, que interpela constantemente al usuario, muy visual y con una gran carga de humor. Y, como profesional del marketing, quiero destacar un breve audio que está al final de la Home y que te invita a oír el sonidito de Old Spice. Lo mejor, el porqué lo debes escuchar: “La felicidad de la gente de marketing depende de esto”. ¡Sencillamente genial!

Como has visto, nunca es tarde para reorientar la estrategia de marketing de una empresa, incluso cuando su imagen y valores parecen haberse quedado obsoletos y antiguos. Para Old Spice, reinventar sus señas de identidad más tradicionales con un toque de humor y una nueva creatividad ha supuesto volver a posicionar la marca en el mercado con fuerza.

El marketing y la comunicación nos siguen demostrando que, si escuchamos a nuestro público, es posible volver a conectar con él de forma exitosa.

Navidad 2020

Navidad

Cuando se van acercando las fechas de la Navidad, y las ciudades se van engalanando para festejar estos tradicionales días, siempre me viene a la cabeza la ley del reflejo condicional que formuló Iván Pávlov en los inicios del pasado siglo XX. ¿Por qué?

La ley del reflejo condicional, también conocida como condicionamiento pavlovliano, o modelo estímulo-respuesta es fruto de una investigación realizada por este fisiólogo ruso con perros. Demostró, después de muchas pruebas, que estos animales respondían automáticamente frente a un estímulo que estaba asociado previamente con una acción concreta. Si sonaba una campana antes de ofrecer comida al perro en cuestión, este salivaba. Una vez condicionada esta relación, el can respondía automáticamente con la salivación al escuchar la campana. Una relación directa entre estímulo-respuesta por asociación.

Reflejo condicionado de Pavlov

(Licencia: Maxxl², CC BY-SA 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0>, via Wikimedia Commons).

Os preguntaréis porqué recuerdo a Pávlov en este mes de diciembre y es normal que lo hagáis. Resulta que con la instalación y posterior encendido de las luces de navidad en nuestras calles y edificios se produce -o al menos eso esperan muchas pymes- un estímulo condicionado en todos nosotros que nos conduce directamente al consumo masivo. Parece ser que las luces y la excesiva decoración kitsch que nos acompañan durante un mes al año nos empujan de forma automática, como condicionada de forma refleja, a la compra menos racional que podamos imaginar.

Una de las cosas que nos enseñan a los que hemos estudiado Ciencias Económicas y Empresariales cuando se habla del comportamiento del consumidor es que éste siempre toma decisiones racionales. Esto quiere decir que cuando una persona decide acerca de una compra de un producto o servicio, decidirá teniendo en cuenta los factores que valora internamente: conveniencia, precio, necesidad, seguridad o cualquier otro. Una vez analizados estos factores, el consumidor toma la decisión de compra que más se ajusta a sus requisitos. En definitiva, una decisión totalmente racional.

Las luces navideñas no son más que una llamada de atención al consumidor, un recuerdo de que llega la época del reencuentro con la familia, las comidas y cenas especiales y los regalos. Personalmente, no creo que haya un efecto estímulo-respuesta en el hecho de que con más luces se consuma más. El cliente no es un perro de Pávlov, sus decisiones siempre serán meditadas, aunque no siempre lógicas y, desde luego, no tendrán relación directa con la mayor iluminación de las calles.

Pero… ¿dónde quedan entonces las compras llamadas impulsivas? Yo creo que, a pesar de que aparentemente estas decisiones parezcan no razonadas, realmente sí responden a un proceso interno bien racional, aunque eso sí, totalmente inconsciente y automático. Dentro de todos nosotros se esconden deseos y necesidades insatisfechas que no tienen por qué salir a la luz ni estar presentes en nuestra mente consciente. Así, cuando realizamos una compra de impulso, realmente estamos satisfaciendo una necesidad real que se esconde en nuestro cerebro. Puede ser una necesidad de satisfacción personal o de reconocimiento propio, pero en todo caso es una respuesta a algo real y no exclusivamente pasional.

En Navidad nuestros deseos insatisfechos afloran por sí solos al toque de la campana de Pávlov -en este caso luces- y, al menos durante estos días, nuestro cerebro se dedica a dar rienda suelta para cubrir sus más ocultas expectativas y deseos. La iluminación navideña nos recuerda que empieza el tiempo para olvidarnos momentáneamente de nuestros problemas y preocupaciones y se inicia un período para enterrarlas bajo un manto de compras y regalos varios. Por eso cada año, especialmente el comercio y la hostelería, las empresas reclaman más luces y más decoración en las calles. En el fondo, aunque no lo sepan, conocen bien cómo funciona nuestro cerebro no consciente.

Marketing y Comunicación en Navidad… ¿buena idea?

En todo caso, la Navidad siempre promete ser una tierra de promisión para muchas marcas que esperan cerrar el año con un crecimiento extra en su facturación. Con la premisa de que el consumidor será más proclive al gasto, las empresas destinan gran parte de su presupuesto de marketing en estas fechas. Y aquí también hay algo que aparentemente no me acaba de cuadrar.

Cuando compites en un mercado muy saturado, lograr visibilidad y diferenciación resulta muy complejo y costoso. Cada competidor en liza intentará ganarse a su público con las mejores propuestas, además de utilizar masivamente los canales de comunicación más interesantes. En Navidad, la competencia por el cliente llega a límites máximos. Nunca verás tantas ofertas de jamones, de vino o de packs de perfumes en otra época del año. Además, lograr visibilidad en Google, Amazon, Facebook o, aterrizando más, en los medios de comunicación más habituales (online y offline) se convierte en una misión casi imposible, salvo que dispongas de un bolsillo generoso.

Ante este panorama, desde la óptica del marketing, ¿tiene sentido invertir mucho en momentos en los que todos luchan por el mismo cliente? ¿Es la Navidad un océano rojo en el que lo más probable es que el retorno de tu inversión en marketing sea más bajo de lo esperado? Parece ser que las luces navideñas no solo hipnotizan a los consumidores, parece ser que el efecto Pávlov llega también a las pymes. Competir en un mercado saturado siempre es complicado. El ruido que pueda hacer tu empresa, salvo las grandes organizaciones, quedará silenciado por el estruendo conjunto de cientos de tus competidores.

Ante esto, creo que merece la pena hacer una reflexión acerca de las campañas de marketing navideñas. No estoy diciendo que tu empresa desaparezca desde el 10 de diciembre hasta el 10 de enero, pero sí que reconsideres tu estrategia con una visión más amplia. Quizás la Navidad es un buen momento para conectar con tu público desde otra perspectiva. Olvidar una estrategia agresiva de venta y plantearte una conexión más emocional. Al fin y al cabo, tus clientes actuales y futuros estarán disponibles todo el año, no solo en Navidad. Quizás te recuerden más si los tienes en cuenta en otros momentos donde tu competencia no está, pero tú sí.

Siempre se habla de que hay que desestacionalizar ciertos patrones de consumo. La época navideña es uno de esos momentos en los que muchas organizaciones estacionalizan sus esfuerzos comerciales. Puede ser una ocasión ideal para que tu empresa se plantee un marketing más continuo a lo largo del año, buscando los momentos en los que existan ventanas de oportunidad para lograr más visibilidad con menor consumo de recursos.

Recuerdo la campaña que realizamos con una firma de cava hace ya algunos años. Propusimos una campaña de venta de cava para beber por copas en las playas, “in situ”. Se redujo la inversión tradicional en la época navideña para llevar a cabo esta acción en verano. El resultado, un incremento de ventas anuales y una mayor visibilidad de marca global. De repente, esta marca de cava aparece en un océano azul, libre de competencia, y con mayor retorno de la inversión realizada.

En definitiva, que no te cieguen las luces y el jolgorio navideños. Ten presente siempre cual es el perfil de tu cliente ideal y su patrón de comportamiento habitual (no el que aparece fugazmente en navidad). Recuerda que la comunicación con tu público objetivo debe ser coherente todo el año. Y, si puedes, busca momentos diferentes para recordarle que tu empresa está presente y que puede contar con ella.

Por cierto, dándole vueltas a la idea del reflejo condicionado, creo que yo también soy víctima de él cada año en navidad. En mi caso, cuando empiezo a ver colocadas las luces de navidad en mi ciudad el reflejo condicionado me lleva a pensar inmediatamente en el experimento del perro de Pávlov. ¿Un autorreflejo condicionado?

Os dejo con una cita de Iván Pávlov para la reflexión.

“Condiciona a la gente para que no espere nada y tendrás a todos excitados con la mínima cosa que les ofrezcas”.

¿Qué os sugiere? Seguro que os inspira para realizar alguna acción de marketing diferente.

¡Feliz Navidad! ? ?

 

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Buscando la experiencia del cliente; nada nuevo bajo el sol marketiniano (pero bienvenida de nuevo al ruedo).